La Rioja

LA BRÚJULA LOCA

Las llamadas bases están sospechando que se pueden caer por su propia base y hay que aclararse, por favor, ya que por honor no es posible. Lo que es, según algunos un viraje histórico, no es más que un golpe de timón para otros, lo que demuestra que seguimos siendo especialistas en golpes en sus diversas variantes. La duración del odio es lo que más intriga a todos, incluso a quienes lo han provocado. «No hay olvido», dijo el gran Luis Cernuda, que según Vicente Aleixandre no quería a nadie, ni siquiera a él mismo, más que a ratos, y a sus amantes, igualmente efímeros. La abstención que permitirá que tengamos Rajoy por una temporada, se considera «un mal menor», pero los males menores crecen y se hacen mayores. Al parecer, hay que evitar unas terceras elecciones, lo que no deja de ser curioso en un país democrático. Cualquier cosa, menos votar. Lo que se teme es que salga lo mismo, o sea, que continuemos sin encontrar la salida.

El miedo es libre, pero maniata también a los que no lo sienten. Nueve federaciones, lideradas por Andalucía, son partidarias de evitar la consulta, no vaya a resultar que salga alguna sorpresa que les desagrade particularmente a quienes desean convocarlas. Están mejor en el calvario político que en la cumbre del Gólgota y piensan que 300 días sin Gobierno no son tantos, si se cuentan uno a uno.

Los afortunados son los que han conseguido refugiarse en la frivolidad absoluta, que es una guarida donde no cabemos todos, y lo que más les preocupa es la lesión de rodilla de Iniesta, que no se curará hasta dentro de dos meses, y no las lesiones del PP que requieren más larga convalecencia. Está claro que la política, que es tan oscura, no le interesa más que a unos pocos: los que viven de ella y los escépticos irremediables que consentimos que sigan viviendo. Con nuestro pan se lo coman, pero debieran dejar algún mendrugo para las bases, que siguen hambrientas y con la boca abierta para tragarse las mentiras que les echen.