La Rioja

LA INVESTIDURA AFLORA DOS MODELOS DE PSOE

Simpatizantes socialistas  se manifiestan ayer frente  a la sede de Ferraz.
Simpatizantes socialistas se manifiestan ayer frente a la sede de Ferraz. / ANDREA COMAS / REUTERS
  • La revuelta socialista combina una crisis de proyecto con movimientos tácticos de supervivencia y un debate soterrado por el liderazgo del partido

Si alguna virtud tuvo la reunión del Comité Federal del pasado 1 de octubre fue la de mostrar la correlación de fuerzas entre los dirigentes del partido, que no entre la militancia. No se votó qué hacer ante la investidura de Mariano Rajoy -eso se ventila hoy- se dirimió la convocatoria de un congreso extraordinario aunque se podría haber votado cualquier otra cosa y la división hubiera sido la misma. Los apoyos, 132 a 107 contra la propuesta de Pedro Sánchez, sacaron a la luz que el PSOE está partido y que esa fragmentación va más allá del debate sobre el voto en la investidura. Puso sobre la mesa que hay dos ideas de lo que debe ser el partido, dos formas de ver el futuro de la organización.

Discernir cuánto hay de tacticismo y cuánto de revuelta ideológica es una tarea que solo el futuro despejará. El 39 Congreso Federal del PSOE, que quizá se convoque en el primer semestre de 2017, será la arena apropiada para comprobar las intenciones y medir las fuerzas de unos y otros. Antes estará la piedra de toque de las elecciones primarias para elegir al secretario general siempre que Sánchez mantenga sus planes de presentarse.

Pero el pulso más cercano es elque se va librar hoy, con la reunión del Comité Federal después de tres semanas de conveniente enfriamiento de ánimos dispuesto por la gestora. Gracias a la refrigeración no se prevé un enfrentamiento con las formas torpes y patoteras del 1 de octubre, aunque nunca se sabe. Ya dijo Felipe González que el PSOE tiene un punto ácrata que dificulta hacer predicciones, y no hay como dar a dos socialistas un motivo de discusión para que derive en la de San Quintín. La historia del partido está plagada de ejemplos con asuntos de más calado que la investidura de Rajoy: el apoyo a la dictadura de Primo de Rivera, el obrerismo en la Segunda República, el marxismo en la Transición, o la trifulca de guerristas y renovadores en los últimos años del felipismo.

Mas no parece que vayan a refulgir los cuchillos en la sede de Ferraz durante la asamblea matutina; se impondrá, como dicen los socialistas, «la cultura de partido» y la minoría de 'no' acatará lo que disponga la mayoría de la abstención, salvo los irreductibles que siempre surgen. El 'sanchismo' sabe que está en minoría en ese cónclave de dirigentes y, si antes no se deshilacha, aguarda el momento de la militancia en las primarias y el posterior congreso. Además, ha sucumbido ante la solidez del argumento posibilista de que unas terceras elecciones empeorarían aún más sus peores resultados de la historia, y que es mejor estar en la oposición como fuerza más representativa que arriesgarse a perder incluso esa posición. Claro que hay quien dice que es mejor la coherencia y la derrota en otras elecciones que facilitar avergonzados otro Gobierno de Rajoy.

La existencia de dos bloques con diferentes modelos de partido es también motivo de discusión entre los socialistas. Sánchez alcanzó el liderazgo en el PSOE aupado en el poder de los barones, los mismos que hace tres semanas giraron el pulgar hacia abajo. Por eso mismo, no son pocos los que dudan de que el ex secretario general capitanee por convicciones ideológicas una facción más a la izquierda. Puro tacticismo, subrayan, para envolverse en la bandera de la militancia, sabedor del predicamento que tiene entre las bases el 'no' a Rajoy y la difícil venta de la abstención.

Los seguidores de Sánchez lo niegan y sostienen que hay diferencias de fondo en el modelo organizativo del PSOE. Reclaman más democracia directa de los afiliados y menos verticalismo decisorio. Lo que Javier Fernández, el presidente de la gestora, identificó en un despectivo plumazo con «el PSOE que se ha podemizado».

Al margen de las disquisiciones teóricas sobre si los socialistas están enzarzados por dos modelos de partido o por dos formas de controlar el poder, es innegable que existen diferencias. Los 'sanchistas', sin que de ese apellido se pueda deducir la existencia de un todo armónico y organizado, batallan por el empoderamiento de las bases y dar la voz al militante. Un terreno que por ahora controlan.

Acuerdos con Podemos

Pese a la mala relación personal entre Sánchez y Pablo Iglesias, los fieles al exlíder socialista también ven con buenos ojos que se exploren acuerdos con Podemos, al estilo de los que, con problemas, ya mantienen en la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha o Aragón. Un modelo, dicen, en sintonía con el que preconiza el laborista británico Jeremy Corbin, sustentado en la empatía con las bases, el desapego con los cuadros y la recuperación de los postulados de la izquierda. «Es un error dejar a Podemos el monopolio de las banderas de la izquierda», afirma uno de los diputados del 'no'. Aunque hasta el momento la propuesta de izquierdas del 'sanchismo' es un paquete sin abrir.

En la otra ribera, los barones capitaneados por Susana Díaz y el propio Fernández se mueven en el conservadurismo del esquema que ha guiado al PSOE en las últimas décadas, un modelo basado en la democracia representativa de los líderes territoriales y poco dado a las consultas entre las bases. «Los dirigentes estamos para tomar decisiones, no nos han elegido para delegar la responsabilidad en las bases», mantiene uno de los parlamentarios ahora oficialistas. Su doctrina es que el adversario es Rajoy y el PP, pero también, y no menos, Podemos e Iglesias. Tanto el presidente de la gestora como la presidenta de la Junta de Andalucía se las tienen tiesas en sus territorios con el partido morado, sin atisbo de colaboración y plagado de enfrentamientos. Si el 'sanchismo' se mira, aunque sea a grandes rasgos, en el espejo Corbyn, el oficialismo se encuentra más cercano al modelo del socialista italiano Matteo Renzi, proclive a los entendimientos por el centro y al distanciamiento de todo lo que está a su izquierda.

Si el PSOE tiene su contrapunto en Podemos, Renzi lo tiene con el Movimiento Cinco Estrellas, al que combate casi con más fiereza que a la Forza Italia de Berlusconi. Pero sería un reduccionismo situar a los bloques socialistas en las mismas posiciones que sus pares británico e italiano; hay semejanzas, pero no identidades.

Al menos una cosa tienen clara todos en el PSOE, el riesgo de ruptura del partido es nulo. Nadie atisba riesgos de fractura, pero suenan tambores de lucha fratricida.