La Rioja

Un matrimonio con 40 años de historia que hace aguas

Hubo un tiempo no lejano en que el matrimonio del PSC y el PSOE era una máquina de ganar elecciones. Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero llenaban la Monumental o el Palau Sant Jordi, y el socialismo catalán era clave en las victorias del PSOE. Pero era el escaparate, en la trastienda las relaciones entre ambos siempre han sido difíciles. Han vivido buenas épocas, sobre todo cuando celebraban triunfos y administraban poder, pero en los momentos de vacas flacas, el matrimonio hacía aguas, la mayoría de las veces, como ahora, por el modelo territorial.

Se pudo ver en el debate del Estatuto catalán de 2006, la España asimétrica que proponía Pasqual Maragall y el reconocimiento de Cataluña como nación, levantó ampollas entre muchos dirigentes del PSOE -aún se recuerda en el PSC el «cepillado» de Alfonso Guerra al texto estatutario-. También se ha comprobado con la defensa que ha hecho el socialismo catalán del derecho a decidir, que le valió para ser acusados por sus compañeros de hacer el juego al independentismo.

El PSOE, en cualquier caso, cuando lo ha necesitado nunca se ha resistido a acercarse a los nacionalistas catalanes. Lo hizo González con CiU, Zapatero con Esquerra y lo ha hecho Pedro Sánchez con los exconvergentes del PDC, aunque en este caso sin éxito y provocando su propia decapitación. «El PSC y el PSOE no tienen relaciones difíciles, son más bien animadas», asegura con ironía un veterano dirigente socialista, exconcejal de Barcelona. A su juicio, la clave está en que cada uno defiende una «realidad distinta». «Nos debemos a nuestros votantes y la política en Cataluña -sostiene- no tiene nada que ver con la de Galicia o Castilla y León».

El PSC, de hecho, es una excepción en el universo socialista, pues se trata de un partido soberano que está federado al PSOE. Participa en sus órganos de gobierno, aunque tiene personalidad jurídica propia, finanzas independientes y tiene autonomía de acción en la política catalana. Desde hace casi 40 años, las relaciones entre los dos partidos se rigen por un protocolo de unidad, que establece la participación del PSC en los órganos federales: la Comisión Ejecutiva, el Comité Federal y el Congreso del PSOE.

Esto es así desde hace casi cuatro décadas, desde la fundación del Partit dels Socialistes de Catalunya en julio de 1978 en el congreso que unificó tres formaciones políticas: el Partit Socialista de Catalunya-Congrés (de Joan Reventós), la federación catalana del PSOE y el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament.

Por ello, la amenaza que el PSOE se guarda siempre en la manga para presionar a sus socios catalanes es recuperar el fantasma de la federación socialista catalana, y que el PSOE se presente como marca en el ámbito catalán para competir con el PSC. Esta advertencia ya estuvo sobre la mesa durante los tripartitos de Maragall y José Montilla, y ha vuelto a escena estos días previos a las primarias de los socialistas catalanes y el anuncio tanto de Miquel Iceta como de Nuria Parlón de que ganara quien ganara, los siete diputados socialistas catalanes tendrán la consigna de votar no a la investidura de Rajoy.

Federación catalana

Julio Villarcorta, un clásico del socialismo catalán, que fue secretario de organización del PSC de Barcelona, ha lanzado un movimiento para recuperar la federación catalana del PSOE porque cree que el PSC ha derivado a posiciones soberanistas. La operación volvería a romper el PSC, que ya sufrió una escisión en 2014, cuando el ala soberanista -la de Maragall, Castells, Tura o Nadal- se separó. Se quedaron en teoría los más favorables al el PSOE, pero ni así llegó la paz al matrimonio socialista.

A pesar de que lo habían intentado con la declaración de Granada en 2013, en la que el partido consagró su defensa de una una España federal, el modelo territorial siempre ha sido un dolor de muelas para la dirección del PSOE. En 2013, el PSC se saltó dos veces la disciplina de voto en el Congreso para apoyar sendas resoluciones a favor del derecho a decidir, y la tensión aumentará si los socialistas catalanes apuestan por la vía canadiense como modelo territorial.

Los tiempos de la fraternidad ya son historia. Lo expresaba ayer de manera gráfica un viejo militante después de votar en las primarias: «En Cataluña siempre hemos sido muy de Felipe, pero él mismo se ha cargado el mito».