La Rioja

El Gobierno trata de poner distancia entre Rajoy y los tiempos de la Gürtel

  • Sáenz de Santamaría advierte de que la «gobernabilidad» está por encima de procesos judiciales que examinan «hechos del pasado»

El PP aparenta estos días seguir el juicio Gürtel con la curiosidad distante de quien relee un episodio pasado de la historia del partido con el que nada tiene que ver. El argumentario de los populares está centrado en conseguir ese efecto al situar los supuestos tejemanejes de la red de Francisco Correa en un tiempo lejano en el que ni tan siquiera Mariano Rajoy estaba al frente de la formación. El momento político actual, con la investidura cuestionada desde la oposición, obliga a marcar distancias, pero lo cierto es que en la era de José María Aznar el hoy jefe del Ejecutivo ejercía como vicesecretario general en la calle Génova.

Rajoy fue el responsable de las campañas electorales que llevaron al PP por primera vez a la Moncloa y también en los tiempos en los que Correa asegura que la sede nacional era como su «casa». Desde el Gobierno se evita en todo caso comentar las declaraciones de quien se sienta en el banquillo, incluso las que podrían resultarle beneficiosas, y se recuerda, además, que las funciones del presidente en aquella época ya quedaron aclaradas por él mismo el 1 de agosto de 2013 en el Senado, en el pleno monográfico en el que el jefe del Ejecutivo admitió el «error» de haber confiado en su extesorero, Luis Bárcenas. «Nos corresponde mantener lo que el presidente del Gobierno dejó muy claro y muy sentado en algunas de las comparecencias parlamentarias que ha tenido sobre este asunto», defendió ayer Soraya Sáenz de Santamaría tras la reunión del Consejo de Ministros.

La respuesta de la vicepresidenta evocaba la jornada del verano de 2013 en la que Rajoy se mostró convencido de que la justicia demostraría que «nada ilegal» hubo en su comportamiento ni en el del PP. «No me voy a declarar culpable porque no lo soy -advertía el presidente a la oposición-, (.) no me voy a declarar culpable porque no tengo constancia alguna de que mi partido se haya financiado ilegalmente».

Desde entonces el PP no ha terminado de quitarse nunca de encima el yugo de Gürtel y han sido varias las ocasiones en las que el partido ha tenido que sacudirse a Bárcenas y sus papeles para despejar la eterna sospecha de los presuntos sobresueldos cobrados en negro. En público y en privado hace mucho que los populares esperaban que la Audiencia Nacional juzgara de una vez por todas a la trama para poner fin al goteo corrosivo de la instrucción, mientras a Rajoy le sigue pesando como una losa el mensaje de «Luis, sé fuerte» que en su día envió al extesorero del PP.

Vía libre

Aunque a día de hoy Ciudadanos ni se plantea votar en contra de la investidura del candidato de los populares, los de Albert Rivera cimentaron parte de su campaña electoral en la falta de legitimidad del presidente para liderar una nueva etapa política y la lucha contra la corrupción. El partido liberal se ha visto, sin embargo, obligado a dar la vuelta al argumento para justificar su respaldo activo al PP y frenar unas terceras elecciones que no convienen a la formación. «Si hay legislatura habrá comisión de investigación sobre la financiación ilegal del PP. Si no, seguirán sin control y sin asumir responsabilidades», lanzaba ayer Rivera en las redes sociales.

En el Gobierno no existe, en cualquier caso, el temor de que el juicio Gürtel acabe por emponzoñar la investidura. Los populares han optado por un discreto segundo plano hasta que el PSOE resuelva el sentido de su voto. Y la vicepresidenta situaba este viernes en planos muy distantes los presuntos casos de corrupción del «pasado» y el intento de formar un Ejecutivo para el «futuro». «Estamos hablando de dar estabilidad y gobernabilidad a los españoles, y eso está por encima de los procesos que, por cierto, distintos partidos políticos tienen abiertos en distintos tribunales», apuntó.

No hizo falta nombrar el caso de los ERE irregulares en la Junta de Andalucía. Eso lo dejó Sáenz de Santamaría para la imaginación del auditorio.