La Rioja

El líder del PSOE enfría la expectativa de una investidura segura de Rajoy a final de mes

Mariano Rajoy saluda a Javier Fernández, en presencia de Susana Díaz, Miguel Ángel Revilla, Pedro Antonio Sánchez y el presidente riojano José Ignacio Ceniceros. :: j. lizón/ efe
Mariano Rajoy saluda a Javier Fernández, en presencia de Susana Díaz, Miguel Ángel Revilla, Pedro Antonio Sánchez y el presidente riojano José Ignacio Ceniceros. :: j. lizón/ efe
  • Javier Fernández admite que, pese a sus esfuerzos por explicar las virtudes de una abstención, se siente poco comprendido en su partido

Javier Fernández está preocupado. Un día después de que el Rey convocara una última ronda de consultas para intentar desencallar la legislatura, el presidente de la gestora del PSOE admitió en los salones del Palacio Real, a escasos metros del propio Monarca, que no va a resultar nada sencillo vencer las resistencias internas a una abstención que permita investir a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno y evitar nuevas elecciones.

El veterano político apenas dispone de dos semanas para persuadir a los suyos de que, pese a sus contraindicaciones, ceder el paso a un ejecutivo del PP en minoría es, dadas las circunstancias, el mal menor tanto para el PSOE como para España. Pero tras casi una semana de explicaciones a través de los medios de comunicación, se mostró inquieto. «Creo que se me entiende mejor fuera (del partido) que dentro», admitió con cierta pesadumbre.

Su tono contrasta con el optimismo de Susana Díaz. La presidenta andaluza -de perfil tras el abrupto Comité Federal que el pasado día 1 de octubre acabó con la dimisión de Pedro Sánchez- aseguró, también en la recepeción del 12 de octubre, que en pocos días el clima de tensión que se vivía en su partido se ha serenado. Y mostró su total confianza en que será posible alcanzar un acuerdo sobre la posición a defender en la investidura en el Comité Federal que se celebrará, con casi plena seguridad, el día 23.

Lo cierto es que, de todos los líderes territoriales socialistas presentes en la celebración ofrecida por el Monarca, Díaz fue la única que trató de quitar hierro al estado de ánimo que sus compañeros de filas aseguran percibir entre las bases. El extremeño Guillermo Fernández Vara se ha tomado el asunto tan en serio que la semana pasada convocó una asamblea a diferentes cargos públicos de su federación (alcaldes, portavoces municipales, diputados regionales y nacionales) a fin de que, por lo menos, oyeran de su boca su versión de lo ocurrido. Y ahora admite que no será fácil cerrar heridas.

Reproches

Fernández lo constató en el propio comedor del Palacio de Oriente, en el que se ofreció un cóctel a los más de mil invitados del Jefe del Estado. En una esquina, se le pudo ver dialogar largo y tendido con la balear Francina Armengol, la única presidenta autonómica que apoyó a Pedro Sánchez hasta su caída, y lo que oyó no fueron precisamente buenas palabras. Armengol le echó en cara que haya abierto en los medios un debate que no va a llevar a la militancia. Y advirtió, como ya han hecho los dos aspirantes a dirigir el PSC, Miquel Iceta y Núria Parlón, que decida lo que decida el Comité Federal, no se moverá de su 'no' a la investidura de Rajoy.

El castellano-manchego Emiliano García-Page, siempre amigo de las terceras vías, optó por ver el vaso medio lleno. Él se encuentra, como el valenciano Ximo Puig -que no acudió a los actos del 12 de octubre por estar de viaje oficial en Cuba- entre los críticos con el ex secretario general que rechazan una abstención. Pero aún así, se mostró convencido de que se llegará a una solución para evitar unos terceros comicios y no descartó que se opte por el voto negativo del conjunto del grupo parlamentario con las abstenciones mínimas necesarias (once) para no bloquear la formación de Gobierno.

A su juicio, esa fórmula -que, por otro lado, ya ha rechazado en varias ocasiones el presidente de la gestora y que muchos consideran «chapucera»- es equivalente al gesto de cortesía que, en no pocas legislaturas, han tenido populares y socialistas con otros grupos parlamentarios como el PNV, Convergencia o Esquerra, a los que se han prestado temporalmente escaños para que puedan constituir grupo parlamentario. Pocos comparten su tesis.

Silencio prudente

Las cosas están tan complicadas para Fernández que hasta el presidente del Gobierno en funciones ha comprendido -lo reconoció así este miércoles festivo- que lo mejor que puede hacer, por su propio bien, es estar callado y no presionar con exigencias de ningún tipo. La relación de Rajoy con el presidente asturiano es infinitamente más fluida que con Sánchez. No porque exista la más mínima complicidad ideológica, que no la hay, sino porque ambos comparten ciertos códigos institucionales.

A estas alturas, el líder del PP es perfectamente consciente de que aunque el PSOE permita su investidura, el 29 o 30 de octubre, tendrá que negociar día a día, con todos los grupos de la Cámara, cada una de las iniciativas que pretenda sacar adelante. Y que lo que le vendrá por delante sería duro. La oposición ya ha demostrado su capacidad de sacar adelante en el Parlamento reformas legislativas contrarias a las aprobadas por los populares en sus cuatro años de mayoría absoluta. Y aún así, insiste en que llevar a España a las terceras elecciones en menos de un año sería aún peor.

Eso mismo piensa, según fuentes parlamentarias, el propio Jefe del Estado. De ahí que se haya animado a volver a sondear a los partidos, tras una charla informal hace unos días con el líder provisional del PSOE.