La Rioja

Rajoy prepara un debate de investidura para reanimar el bipartidismo

Rajoy y el Rey, ayer, en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes. :: ballesteros / efe
Rajoy y el Rey, ayer, en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes. :: ballesteros / efe
  • El Gobierno confía en un pacto de no destrucción con el PSOE para desbloquear la legislatura y que ambos salgan indemnes

En la Moncloa han comenzado a construir el discurso de la reelección de Mariano Rajoy. Aun sin garantías de que podrá ser pronunciado a finales de octubre en el Congreso, el Gobierno sabe que si su presidente en funciones vuelve a subir a la tribuna de oradores para solicitar la confianza de la Cámara será porque los socialistas han accedido a abstenerse. Y eso determina que en las altas esferas del Ejecutivo se trabaje ya en una puesta en escena conciliadora con un PSOE al que se reconoce el liderazgo de la oposición.

A nadie se le escapa que el entendimiento con los socialistas constituye la zona de confort que ambiciona Rajoy en un Parlamento fragmentado en el que las nuevas fuerzas políticas celebran el fin del bipartidismo. Hace más de un año que el presidente, ahora en funciones, ha defendido mitin a mitin que en «los grandes países» que han sido capaces de superar la crisis económica son dos los partidos que predominan y compiten por el poder. Ese es el sistema que, tras una legislatura frustrada y dos elecciones generales, añora el líder del PP.

En este marco, la caída de Pedro Sánchez en el PSOE ha supuesto un balón de oxígeno para los populares, que se temían que los socialistas iban a ser desplazados en la izquierda por el avance de Pablo Iglesias. Al PP le suena mejor la música de la gestora con Javier Fernández, sobre todo porque el partido conservador «reconoce» de nuevo a su adversario y lo prefiere a Podemos como primera fuerza de la oposición.

En este sentido, hasta la investidura y en el propio debate, si llega a celebrarse, la intención de Rajoy es ponérselo fácil a su interlocutor. «Salvar al soldado Fernández», comentan en su entorno. De momento, algunos argumentos de los dirigentes del PP, que no se prodigan en declaraciones públicas para no malograr el viraje en el PSOE, coinciden con la pedagogía que trata de hacer la dirección temporal socialista. «Una abstención -incidía ayer el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez-Maillo-, no es un voto afirmativo, no es un apoyo y no impide ejercer la oposición».

Del mismo modo, el presidente de los populares ha instado a los suyos a reiterar que no se impondrán condiciones al PSOE para que sea la segunda fuerza política la que transite del 'no es no' de Sánchez a la nueva posición sin provocar más daños internos. En realidad, no es un ejercicio de altruismo político. Si Rajoy ha eliminado toda exigencia y evita la amenaza de forzar nuevas elecciones en las que Podemos podría capitalizar la crisis de los socialistas, es porque eso le garantiza también que los de Fernández se abstendrán sin pedir a cambio su cabeza.

Ciudadanos y el PNV

El PP espera algo así como un pacto de no «destrucción» para poner en marcha el Gobierno y que se asiente la situación política. Es por eso que Rajoy, siempre que se convoque la sesión de investidura, tenderá la mano en el Congreso al PSOE, al que volverá a ofrecer sus siete pactos genéricos de Estado, sin olvidar tampoco que no debe herir a Ciudadanos. Albert Rivera, que nunca fue la prioridad del presidente, aporta 32 votos a la reelección del candidato popular. Y las 150 medidas pactadas en agosto con el partido liberal se tienen en cuenta en la Moncloa.

Es más, desde el Ejecutivo apuntan que en los próximos días recordarán que su oferta siempre pasó por una gran coalición con los socialistas y Ciudadanos y que se ofreció incluso la entrada de ministros de ambas formaciones en el Gabinete. Pero se trata más de un guiño de complicidad que una propuesta en firme cuando ninguna de las dos fuerzas está por la labor. «No vamos a presionar -aseguran- para que den más de lo que dan».

En esta ocasión, además, y si el PSOE accede a facilitar la elección de Rajoy, algo que aún no dan por sentado en la Moncloa, el borrador de discurso se sitúa ya en el día después de la investidura y fija como reto del Ejecutivo lograr la gobernabilidad. Rajoy, que ha prometido trabajársela «día a día», tomará el relevo del líder de los populares en el País Vasco, Alfonso Alonso, y suavizará el tono con el PNV porque si bien los nacionalistas quedaron descartados en esta primera fase, sus seis escaños pueden ser decisivos para los Presupuestos del Estado.