La Rioja

García-Margallo. :: c. moya / efe
García-Margallo. :: c. moya / efe

Margallo aboga por una legislatura de «concesiones recíprocas» entre partidos

  • El ministro está seguro de que el 31 de octubre ya se habrá logrado la investidura porque «sin nadie en el timón, el barco no avanza»

madrid. Una vez solvente su propia investidura, Mariano Rajoy se enfrentará al abismo de gobernar en un escenario adverso sin socios estables. A día de hoy, con el PSOE inmerso en el difícil proceso de transitar del 'no' a la abstención, el presidente en funciones ha aceptado poner las cosas fáciles y eliminar todo atisbo de exigencia a la segunda fuerza política. Pero si su Gobierno queda nuevamente conformado, el PP tendrá que ir «día a día» hasta la oposición en busca de los socialistas y otras formaciones para garantizarse la gobernabilidad.

En esa tarea, el ministro de Asuntos Exteriores confía en la generosidad de todos. «Se trata de hablar entre nosotros, dialogar, de ponernos en el lugar del otro y de hacernos concesiones recíprocas», instó ayer José Manuel García-Margallo. Los populares venden ya, incluso antes de tener garantizado el Ejecutivo, que la estabilidad será «el bien superior» en una legislatura que, de continuar, avanzará siempre bajo la amenaza del anticipo electoral. Todo proyecto, toda ley deberá contar siempre con el apoyo de dos o más partidos para que el panel del Congreso no se llene en cada votación de luces rojas que tumben las iniciativas. Y el primer gran reto del Gobierno será el de los Presupuestos Generales del Estado.

Fuentes del PP se aferran a que los socialistas van a necesitar una legislatura lo suficientemente extensa como para poder reorganizarse y que eso podría facilitarles algunos consensos. Pero, en cualquier caso, cuentan con poder entenderse también con el PNV en cuanto se asiente la situación. Los populares no ocultan, aun así, su preferencia tanto por el PSOE como por Ciudadanos, las formaciones «constitucionalistas» a las que este sábado tendía la mano Rajoy, enfrentado a otras fuerzas como Podemos o, al menos en este momento, Convergència, dada la deriva independentista.

«La estabilidad de un gobierno y un país no se puede dejar en manos de los radicales y extremistas porque a lo único a lo que induce es a crear inseguridad, parálisis y desconcierto, lo sabemos muy bien en Cataluña», advirtió en esa línea la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, convencida de que los españoles quieren «normalidad».

En el planteamiento del PP ya no cabe un fracaso en las próximas semanas. Eso abocaría a unas terceras elecciones que la número dos del partido tilda de «disparate». El ministro de Asuntos Exteriores ni tan siquiera quiere ponerse en ese escenario. En sus pronósticos, cuando el 31 de octubre culmine el plazo para llegar a un acuerdo, «se habrá desbloqueado la situación y habremos asistido a una investidura». Lo contrario, advierte, sería un «auténtico despropósito», cuando «sin nadie en el timón, el barco no avanza».