La Rioja

La secesión de Cataluña, entre septiembre de 2017 y marzo de 2018

Carles Puigdemont, durante su intervención ayer en la Cámara catalana. :: QUIQUE GARCÍA / EFE
Carles Puigdemont, durante su intervención ayer en la Cámara catalana. :: QUIQUE GARCÍA / EFE
  • La Cámara catalana aprueba celebrar una consulta vinculante haya o no acuerdo con el Gobierno central

A la hoja de ruta independentista de Junts pel Sí y la CUP le ocurre lo que a los principios de Groucho Marx, que «si no le gustan, tengo otros». En nueve meses las fuerzas secesionistas han modificado varias veces su plan para la independencia. Primero, descartaron la declaración unilateral de independencia, al ver que no habían superado el 50% de los votos en las plebiscitarias, y ahora han introducido el referéndum, que en el plan inicial estaba descartado, pues se consideraba una etapa superada con las elecciones del 27-S y anteriormente con la consulta del 9-N.

La Cámara catalana volvió a situar ayer el referéndum como el objetivo central de la legislatura y aprobó por mayoría absoluta, la que suman Junts pel Sí y la CUP, el nuevo calendario con el que Carles Puigdemont y sus socios anticapitalistas pretenden culminar el proceso soberanista. En la votación de las resoluciones del debate de política general, la Cámara catalana dio luz verde, con los 72 votos (sobre 135) de las dos formaciones secesionistas, a la nueva agenda rupturista que está prevista, como las anteriores, para varias etapas. La primera será la aprobación de la ley de transitoriedad jurídica, en julio de 2017 (estará lista para finales de este año), una norma que las fuerzas secesionistas presentan casi como una declaración de facto de la independencia.

A continuación, se celebrará un referéndum vinculante sobre la secesión de Cataluña, «como muy tarde», en septiembre de 2017, «con una pregunta clara y de respuesta binaria». Puigdemont propuso la semana pasada: «¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?». La CUP se decantó por otra: «¿Quiere que Cataluña se convierta en una república independiente, sí o no?». En caso de que la opción independentista consiga más del 50% de los votos (Junts pel Sí y la CUP consideran que no haría falta una participación mínima, como establecieron Londres y Edimburgo para el caso escocés), la Cámara catalana proclamará la república catalana.

Durante los seis meses siguientes a la consulta soberanista, se celebrarían elecciones constituyentes, por tanto, como muy tarde la Cámara catalana se renovará en marzo de 2018. Entre medias, se produciría la proclamación de la república catalana independiente.

A partir de las elecciones constituyentes de 2018, la Cámara catalana elaboraría una Carta Magna, que debería ser validada en referéndum y con posterioridad se volverían a convocar nuevos comicios, en teoría en el marco del hipotético y recién nacido Estado catalán.

Esta es la nueva hoja de ruta independentista, que cuenta con la mayoría absoluta del Parlamento autonómico, pero no alcanza los dos tercios de la Cámara, como quería Puigdemont. Catalunya si que es Pot, la alianza de la que forma arte Podemos, no respaldó la vía que proponen Junts pel Sí y la CUP entre otras razones por su carácter unilateral. La coalición está a favor del derecho de autodeterminación, pero apuesta por una consulta acordada.

Votación sin acuerdo

Puigdemont y los antisistema, en cambio, se comprometieron ayer a que la votación tenga lugar incluso «en ausencia de acuerdo político con el Gobierno del Estado español». A las bravas.

Se da la curiosidad de que la fórmula de las confluencias de izquierdas de una consulta que «cuente en su convocatoria, formulación y organización, con las máximas garantías de inclusión, que busque el reconocimiento previo de la Unión Europea y la comunidad internacional e impulse las iniciativas políticas y parlamentarias necesarias ante el Estado español», obtuvo un voto más que la de Junts pel Sí y la CUP porque Catalunya si que es Pot tiene un escaño más que la CUP.

La votación de las resoluciones, que dividió en algún caso el grupo de Junts pel Sí y destacó las diferencias entre Convergència y Esquerra, y la CUP, volvió a escenificar la fractura que hay en la Cámara catalana. Ciudadanos, el PSC y el PP registraron una petición en la mesa del Parlamento para que reconsiderara la tramitación de los textos sobre el referéndum y el proceso constituyente. Los constitucionalistas consideraron que no podían votarse porque emanaban de una resolución anulada por el Constitucional. Como protesta, ni Ciudadanos ni el PSC ni el PP votaron esos puntos.