La Rioja

El poder de los barones tumbó a Sánchez

El exsecretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en su comparecencia del pasado sábado para anunciar su dimisión. :: alberto ferreras
El exsecretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en su comparecencia del pasado sábado para anunciar su dimisión. :: alberto ferreras
  • El dimitido secretario general minusvaloró la influencia de los líderes territoriales en sus federaciones

Pocos días antes de la reunión del Comité Federal del sábado, en el equipo de Pedro Sánchez estaban seguros de que ganarían la votación del congreso federal. «No saben hacer cuentas», decían convencidos de tener la mayoría en el órgano de dirección del PSOE. Pero habían minusvalorado la ascendencia de los barones críticos entre los delegados de sus federaciones, y los 'sanchistas' se toparon con la cruda realidad de que eran minoría.

Desde el Comité Federal del 28 de diciembre pasado, el que vetó el apoyo a la investidura de Rajoy y cegó la vía del acuerdo con los independentistas para gobernar, la relación de Sánchez con los barones cambió. El entonces líder del partido redujo al mínimo exigible las conversaciones con quienes creía que cuestionaban su estrategia; mantuvo, en cambio, un fluido contacto con los que consideraba fieles. El extremeño Guillermo Fernández-Vara precipitó la crisis el 12 de septiembre al quejarse de que llevaba «meses» sin hablar con el líder del partido. El catalán Miquel Iceta, sin embargo, dijo que hablaba «cada dos o tres días» con el secretario general del PSOE.

Sánchez pensó que la relación con Susana Díaz era irreconducible, igual que con otros barones como el valenciano Ximo Puig, y no trató de rehacer los puentes. Es probable que tuviera la mente puesta en aquel congreso del PSOE de 2000, cuando los delegados no se atuvieron a las consignas de voto de sus jefes y José Luis Rodríguez Zapatero derrotó a José Bono para convertirse en secretario general del PSOE. Pero la situación entonces era distinta. El poder territorial del PSOE en aquel julio de hace 16 años estaba limitado a Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Ahora, gobierna en siete comunidades.

Además, es distinto un líder territorial que gobierna y el que está en la oposición. Un presidente autonómico y secretario general en su territorio tiene más resortes orgánicos para mantener la disciplina de voto entre sus dirigentes que el que está en la oposición. Y en el Comité Federal, con las excepciones de Euskadi, Cataluña y La Rioja, hubo fugas en todas las federaciones cuyos líderes se decían 'sanchistas'. Por el contrario, la disciplina de voto funcionó en las delegaciones de los barones críticos.

Unos comportamientos que explican que en el equipo de Pedro Sánchez se quedaran con dos palmos de narices a medida que avanzaba la reunión y comprobaban que supuestos afines no eran tales.

Los barones no son una figura recogida en los estatutos del PSOE. Felipe González, en plena pugna con los guerristas en los años noventa, recurrió a los presidentes autonómicos de su partido para que ejercieran de contrapeso ante el apabullante poder de los seguidores de Alfonso Guerra en los aparatos orgánicos del partido. A partir de ahí, la figura se convirtió en un referente de poder entre los socialistas. Los tres tenores, como eran conocidos Manuel Chaves, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y José Bono, fueron una fuerza de choque contra el Gobierno con mayoría absoluta de José María Aznar. También ejercieron de ariete constitucionalista en la deriva soberanista del lehendakari Juan José Ibarretxe.

El sanedrín del partido

Su peso dentro del PSOE ha sido creciente desde los años noventa. El Consejo Territorial, ahora Consejo de Política Federal, es un foro de discusión que aglutina a los 17 secretarios generales de las federaciones y cuyas decisiones tienen más trascendencia a veces que las que adopta el Comité Federal. Sin ir más lejos, la declaración de Granada fijó en 2013 la política territorial de los socialistas y determinó que su apuesta era la reforma constitucional. No es de extrañar, pues, que la primera decisión de la gestora haya sido convocar el Comité de Política Federal, el verdadero sanedrín del PSOE.

A Sánchez nunca le gustó mucho ese foro y además no ha mimado a sus barones. Es más, siempre vio intereses conspirativos en sus actuaciones. Susana Díaz hizo todo lo contrario, y a lo largo de los últimos años ha invertido muchas horas en tender puentes y estrechar amistades hasta formar, si no un frente homogéneo, sí una comunidad de intereses ante el que fuera secretario general hasta el sábado. El exlíder socialista se encontró con que aquellos a los que ignoró han sido los que han precipitado su caída.