La Rioja

Un partido de tradición cainita

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Joaquín Almunia tuvo que dimitir por las presiones internas. / Efe

  • Cuando las pugnas han surgido mientras los socialistas estaban en la oposición han terminado con la dimisión del líder del partido. Así ocurrió con Almunia y Rubalcaba

El PSOE tiene una tradición federal, y también cainita. La bronca interna y las divisiones forman parte de la genética socialista. Sin necesidad de remontarse a los tiempos de Pablo Iglesias, en los que, cómo no, también hubo enfrentamientos y disputas en el incipiente PSOE del siglo XIX, los conflictos han puesto en aprietos a todos los secretarios generales de la época moderna. Desde Felipe González a Pedro Sánchez. Los cinco últimos líderes del partido han sufrido la desconfianza y las intrigas de los suyos, aunque las crisis han alcanzado las cotas más virulentas cuando los socialistas han estado en la oposición y no existía el cemento que proporciona el estar en el Gobierno.

González se vio atrapado en la larga lucha entre guerristas y renovadores; Joaquín Almunia soportó la discusión de su liderazgo, cedió a la celebración de elecciones primarias para ser candidato a la Moncloa y perdió; José Luis Rodríguez Zapatero no tuvo quién le defendiera al final de su segundo mandato; Alfredo Pérez Rubalcaba fue cuestionado desde el primer día, al igual que Pedro Sánchez, que ahora pugna por no ser descabalgado por Susana Díaz tras solo año y medio de liderazgo,

Pero los conflictos con pan son menos. Mientras los socialistas han gobernado con González y Zapatero las trifulcas nunca llegaron a mayores. Lo contrario de lo que ha ocurrido cuando estaban en la oposición. Almunia y Rubalcaba tuvieron que dimitir acosados por la presión interna y los malos resultados electorales. Una salida a la que Sánchez también puede verse abocado.

Ni siquiera González

Con Felipe González el PSOE vivió su época más plácida, pero ni quiera él, el líder más carismático, estuvo a salvo de tensiones. Incluso antes de gobernar echó un pulso al partido en el congreso de 1978 cuando planteó el abandono de las tesis marxistas. Perdió en primera instancia, pero ganó poco después.

Los socialistas eran una piña cuando ganaron las elecciones de 1982, y lo fueron hasta los años noventa. El reparto de papeles funcionó a la perfección un par de legislaturas, pero sus relaciones personales se habían deteriorado sin remedio. El caso ‘Juan Guerra’ y la gobernanza del partido contribuyeron a un divorcio que no se formalizará hasta enero de 1991 con la salida, expulsión dicen muchos, de Guerra del Gobierno. El choque con los guerristas fue sin cuartel. El grueso del PSOE no tuvo dudas, se colocó detrás del secretario general y los seguidores de Guerra quedaron reducidos a un sector testimonial, pero contestatario, tras las elecciones de 1993.

De entonces data el poder de los barones socialistas. El 26 de julio de 2014, Pedro Sánchez se convirtió en un congreso extraordinario en el quinto secretario general del PSOE desde la Transición.

En plena campaña de las primarias, Sánchez se reunió con Susana Díaz y otros barones en un hotel cercano a Madrid. En la conversación, la presidente andaluza se dirigió a Sánchez para que fuera su candidato: "Somos un trasatlántico. Tú sabrás si quieres ir en canoa". El valenciano Ximo Puig apostilló: "Sí, somos el Titanic". Pero la andaluza corrigió: "El Titanic no, chiquillo, que se hundió. Somos el Queen Mary". Dos años y unos meses después, el PSOE se debate entre ser el Titanic o el Queen Mary.