La Rioja

Sánchez obvia los resultados del 25-S y reta a sus críticos a un duelo definitivo

Pedro Sánchez, ayer en Ferraz, tras la reunión con la Ejecutiva socialista. :: Luca Piergiovanni / efe
Pedro Sánchez, ayer en Ferraz, tras la reunión con la Ejecutiva socialista. :: Luca Piergiovanni / efe
  • El líder del PSOE propone convocar el congreso federal para que los militantes decidan si lo ratifican en el cargo el 23 de octubre

Si nadie lo frena, el PSOE entrará de lleno en otra guerra civil antes de que concluya el mes. Pedro Sánchez dio ayer un golpe de mano y anunció a la ejecutiva permanente del partido, reunida en Ferraz para analizar los resultados del País Vasco y Galicia, su intención de convocar ya el 39 congreso federal. No lo hizo porque crea que debe renunciar al cargo después de un nuevo varapalo electoral, sino todo lo contrario. El líder socialista considera que ha estado atado de pies y manos durante todo su mandato por un torpedeo constante de Susana Díaz. Y lejos de tirar la toalla, quiere celebrar de una vez por todas el duelo definitivo. Su propuesta es que los militantes decidan a quien quieren como secretario general el 23 de octubre. «Luego -exigió- a piñón con la dirección».

Los críticos, que ya quisieron derribar a Sánchez inmediatamente después de las elecciones generales del 20 de diciembre y acabaron renunciando a ello por termor a que la militancia castigara su negativa a intentar una alternativa de Gobierno con Ciudadanos y Podemos, se mostraron indignados ante lo que consideran una trampa para elefantes. El secretario general justificó las prisas en que el partido está dividido entre quienes, como él, entienden que no se puede apoyar una investidura de Mariano Rajoy o el PP ni por activa ni por pasiva y quienes creen (aunque nadie más que el extremeño Guillermo Fernández Vara lo haya dicho abiertamente) que, dado el reparto de escaños, es su obligación hacerlo.

El plazo para la convocatoria automática de nuevos elecciones generales concluye el 31 de octubre. De modo que, según Sánchez, hay que resolver esa cuestión «de fondo y que va a definir el papel del PSOE para los próximos años» cuanto antes. Y su argumento es que ya no cabe hacerlo en un Comité Federal, que es donde se define, según los estatutos internos, la política de pactos.

El caso es que, al reducir el debate ideológico y programático que implica todo congreso a ese único punto, Sánchez deja a Susana Díaz y sus partidarios en una situación incómoda. Las bases, siempre más temperamentales que quienes ocupan cargos institucionales, no quieren ni oír hablar de dejar gobernar al PP y si se instala que las diferencias con Sánchez se limitan a eso, algo que los críticos niegan, tendrían todas las de perder.

«Cortina de humo»

La propuesta se topó ya, en la misma reunión de la ejecutiva permanente, que se prolongó durante cinco horas, con una fuerte contestación, entre otros, de los representantes del PSOE andaluz; de la exministra de Defensa y hoy secretaria ejecutiva de Relaciones Internacionales, Carme Chacón; de la secretaria de Empleo, Luz Rodríguez, o del secretario general de las Juventudes Socialistas, Nino Torre. El responsable de Política Federal, Antonio Pradas, llegó a acusar a Sánchez de crear una «cortina de humo» para evitar asumir responsabilidades por la debacele del PSdG y el PSE en los comicios gallegos y vascos. Es cierto que el secretario general apenas pasó de puntillas sobre las causas y el significado del revolcón que ha dejado al partido por detrás de Podemos y sus confluencias en dos territorios en los que no hacía tanto han gobernado o eran alternativa de Gobierno. En su comparecencia posterior al tenso encuentro de la dirección, se limitó a argumentar que «no hay una ni dos causas» y que más importante que el porcentaje de voto en sí es «ver qué utilidad se le da a esos escaños que se obtienen». El PSE ha perdido el 40% de los votos, pero sus 9 escaños (los mismos que el PP) pueden dar la mayoría absoluta al PNV, que ha obtenido una victoria histórica. Y a eso se aferra.

Los críticos replican que un partido como el PSOE no puede conformarse ni siquiera con ser segundo y menos aún tercero o cuarto, como es el caso. Exigen, de manera ambigua, una «reflexión» pero, en realidad quieren algo más. Aunque sólo lo verbalicen en círculos reducidos, buena parte de ellos defiende que habría que poner el partido en manos de una gestora y dejar para más adelante, cuando ya haya gobierno, un congreso que el secretario de Organización del PSOE andaluz llamó ayer de «refundación».

En su pataleo, recuerdan los críticos que cuando ellos reclamaron un congreso se les replicó -«con acierto», dicen ahora-, que antes de resolver cuestiones internas había que resolver la situación del país.

Sánchez replica que las fechas propuestas permiten hacer ambas cosas. Si él triunfa, puede intentar un más que difícil «Gobierno transversal» que requeriría de apoyos y abstenciones de Podemos, Ciudadanos y fuerzas independentistas catalanas. Si no, sus adversarios tendrán manos libres para otra cosa, aunque la mayoría ve ineludibles, a estas alturas, las terceras elecciones en diciembre.