La Rioja

Feijóo y Urkullu aspiran a la reelección en una jornada de incertidumbres

Urkullu paseó ayer por la feria medieval que se celebraba en Vitoria. :: david aguilar / efe
Urkullu paseó ayer por la feria medieval que se celebraba en Vitoria. :: david aguilar / efe
  • Su victoria es la única certeza de un 25-S que los líderes nacionales escudriñarán para reforzar sus pretensiones hacia la Moncloa

Madrid. Cuatro millones de ciudadanos están llamados a movilizarse en este 25 de septiembre electoral que, a tenor de las encuestas, presenta dos certezas: la victoria de Alberto Núñez Feijóo en Galicia e Íñigo Urkullu en el País Vasco, y multitud de incertidumbres por despejar en las urnas. Mientras en el noroeste del país, el PP contendrá el aliento a la espera de poder confirmar el hito de una mayoría absoluta en tiempos de fragmentación política, en Euskadi los nacionalistas sacarán la calculadora para arrojar luz sobre la gobernabilidad, y en ambos territorios, donde el PSOE lucha contra el retroceso vaticinado, se pondrá a prueba la robustez de Podemos y sus socios.

Las primeras fuerzas en Galicia y País Vasco están pendientes de conocer hasta qué punto han atinado las empresas demoscópicas en sus sondeos preelectorales. Aquella máxima de «la única encuesta que nos vale es la del día de las elecciones» cobrará hoy todo su sentido. En el PP han tratado de rebajar la euforia de la mayoría absoluta gallega que anticipan los estudios para evitar que su electorado se relaje y se abran fugas hacia Ciudadanos. Y en el caso del PNV, con toda probabilidad ganador en minoría, cualquier suma con los socialistas que roce los 38 escaños será bien recibida en la sede del partido conservador.

El entorno de Iñigo Urkullu apunta hacia el PSE como alianza clásica para continuar en Ajuria Enea, extender los acuerdos ya existentes en ayuntamientos y diputaciones, y esquivar el gobierno a la navarra con el que le tientan EH-Bildu y Elkarrekin Podemos. Con una victoria clara, su investidura estaría garantizada en el Parlamento vasco, cuyo reglamento impide posicionarse en contra del candidato en la segunda votación y, por lo tanto, evita el bloqueo en el que está instalado el Congreso de los Diputados.

La gran incógnita gira en torno al segundo puesto que se disputan la izquierda abertzale y Podemos, primera opción de los vascos en las generales del pasado 26 de junio, y surgen dudas acerca de si el efecto de las encuestas moderará o no la caída de los socialistas, también en descenso en Galicia.

Allí, el PsdeG pelea por la alternativa a Núñez Feijóo y por desalojar a los populares en uno de sus últimos bastiones. El candidato de Pedro Sánchez, Xoaquín Fernández Leiceaga, aspira fundamentalmente a resistir frente al avance de En Marea, conformada por Anova, IU, Podemos y las 'mareas' que irrumpieron en los comicios municipales. Y en segundo lugar, a lograr que la unión con esta coalición y el BNG, partido en el que curiosamente han militado los tres representantes de la izquierda, le permita tocar poder en la Xunta.

Esta circunstancia hace que la situación gallega presente evidentes conexiones con la nacional y, que por ello, Galicia haya sido el escenario en el que se han volcado los líderes de los principales partidos en estas dos semanas de 'impasse' en la negociación para formar Gobierno. Rajoy, para advertir de que sólo una mayoría absoluta garantiza la estabilidad frente al caos. Sánchez, con la esperanza de demostrar que los pactos pueden desbancar al PP del sillón gubernamental.

Génova y Ferraz

Según avance el escrutinio y se aclare el panorama autonómico, el foco de atención se desplazará, de hecho, esa noche a las sedes centrales de PP y PSOE, en las madrileñas calles Génova y Ferraz. Desde la presidencia de los populares, Rajoy buscará en Galicia el aliento de una victoria incontestable de su delfín que refuerce su legitimidad para reivindicar la Moncloa y entierre los nuevos escándalos que han puesto en cuestión su liderazgo. Más difícil es que el resultado en el País Vasco le garantice nuevos apoyos en el Congreso como se había especulado. La probabilidad de que el PNV no necesite al PP para asentarse en el Ejecutivo autonómico echa por tierra esta tesis que en la cúpula conservadora apenas se alentaba.

Peor pinta, en principio, la jornada para Sánchez. Si Leiceaga, su apuesta personal en Galicia, no logra su objetivo o acaba superado por el empuje de las 'mareas', el único respiro podrá llegarle al PSOE desde Euskadi, donde al menos el PSE tendría el papel institucional de garantizar la gobernabilidad.

Ahora bien, que todo esto determine el color del futuro Gobierno de España está por ver, pese a que los partidos, en un acuerdo tácito, han marcado el 25-S en el calendario como el punto de inflexión definitivo.