La Rioja

Echenique atiende ayer a los medios en la 'Universidad de Podemos' en la Complutense. :: David González / efe
Echenique atiende ayer a los medios en la 'Universidad de Podemos' en la Complutense. :: David González / efe

Podemos reduce a una cuestión de matices la disputa de Iglesias y Errejón

madrid. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón hablaron por teléfono el miércoles por la noche y acordaron bajar el tono de su polémica. El armisticio se tradujo ayer en convertir en mera cuestión de «matices» el enfrentamiento que mantienen por la concepción del partido y cuál tiene que ser su estrategia electoral. Los números uno y dos también entonaron el 'mea culpa' por la inoportunidad de abrir un debate de ese calado en vísperas de dos citas electorales en Galicia y País Vasco.

El secretario general y el secretario político de Podemos intentan echar pelillos a la mar en la disputa que mantienen por el modelo de partido. Un plegado de velas en el que intervinieron otros dirigentes de la organización, alarmados por la deriva y el eco mediático de la confrontación, calcada a disputas pasadas vividas en el PSOE, uno de los paradigmas de «la casta» en la visión de Podemos. Las luces rojas se encendieron después de que Juan Carlos Monedero, sin cargo orgánico pero con ascendencia en el partido, situara la polémica en un encontronazo por «la línea» de la organización y por «quién va a dirigirla».

Una disputa cainita que es un anatema para el equipo directivo de Podemos y ante la que el secretario de Organización, Pablo Echenique, saltó para negar que haya una disputa «por el poder»; se trata, dijo, de «un legítimo debate de ideas». Ese fue el mensaje para Monedero. Para Iglesias y Errejón fue una amonestación por fomentar las «pandillas» dentro del partido. «Esa es la dinámica que deberíamos evitar» porque si ese planteamiento se instala el debate se circunscribiría a imponer «las verdades de pandilla» sobre las de los otros grupos, se quejó ayer el número tres del partido en un taller de la 'Universidad de Podemos', unos cursos que se abrieron ayer en la Universidad Complutense de Madrid.

El líder del partido, entretanto, admitió que hubiera sido mejor que este debate sobre el modelo de partido hubiera tenido lugar «en otro momento». Pero Iglesias se reafirmó en que tuvo que responder a Errejón cuando contrapuso la estrategia de la seducción a sectores que aún no comulgan con ellos frente a sus tesis de buscar que los poderosos tengan miedo de Podemos. «Me vi obligado a responder» a pesar de que, apuntó, la de Errejón era una crítica «muy legítima».

Sin uniformidad

El número dos compartió la inoportunidad porque ahora «lo más importante» son las elecciones en Galicia y País Vasco. Aunque, a su juicio, la discusión con Iglesias tampoco ha sido para tanto porque forman parte de «los matices» que existen dentro de Podemos aunque todos compartan «la ruta común» de acabar con el bipartidismo. «La unidad en Podemos -explicó en un acto en la localidad alavesa de Amurrio- no se basa en la uniformidad ni en que pensemos igual en todo».

Aunque Iglesias pretende hacer las paces, su compañero Monedero no parece estar por la tarea y reprochó a Errejón su indefinición en una entrevista en El País. «Todavía no se sabe lo que plantea» y tiene una conducta «infantil» al abrir ahora un debate que solo puede «confundir» a los votantes de Podemos en vísperas de unas elecciones. Monedero, 'pablista' incondicional, no contó esta vez con el aval de su líder. «La sartén le dijo al cazo», comentó Iglesias en relación a los mensajes lanzados por su compañero contra Errejón.

No es la primera vez que Monedero arremete contra el secretario político. El año pasado tachó a Errejon de «general mediocre» al que hay que «desarmar» porque propugna una deriva derechizante en Podemos. También le reprochó su falta de concreción en la tesis de la transversalidad electoral, que es como el que se vanagloria de tener todos los puntos en el carné de conducir «sin sacar el coche del garaje».

La perplejidad en Podemos, de todas maneras, va en aumento pese a las palabras conciliadores de sus máximos representantes. Hasta su socio y líder de IU, Alberto Garzón, reclamó que bajen el balón al suelo y huyan del «fetichismo» de los discursos.