La Rioja

España se refuerza ante la amenaza de un atentado con «fuentes radiactivas»

  • El Consejo de Seguridad Nuclear endurece las medidas para evitar los robos de material susceptible de usarse en ataques terroristas

España trata de blindarse ante una de las mayores pesadillas para la seguridad nacional de cualquier país: un ataque terrorista de corte yihadista 'no convencional'. O sea, químico, biológico o radiactivo. Y era este último campo, el radiactivo, el que más preocupaba, hasta ahora, a los servicios antiterroristas del Ministerio del Interior y del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que desde hace años venían advirtiendo de fallas.

Debilidades de seguridad que no afectaban a las grandes centrales nucleares, sino a empresas particulares de campos como la «medicina, industria, agricultura, investigación y docencia» que no han puesto el empeño necesario en proteger sus equipos dotados de «fuentes radiactivas», a veces, incluso, dejando en los maleteros de los vehículos tecnología muy sensible.

Las nuevas órdenes son tajantes: cada operador que maneje este tipo de material tiene que garantizar sin ningún tipo de excusas que nadie no autorizado pueda acceder a esos componentes y máquinas. La Instrucción IS-41 del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) sobre los «requisitos de protección física de fuentes radiactivas» entró en vigor el pasado sábado y ya ha sido distribuida entre las decenas de centros civiles en España que usan este tipo de sustancias y componentes.

El CSN evita hablar expresamente de la posible utilización terrorista de esas fuentes en su nueva directiva, pero no deja lugar a dudas sobre la inquietud en los servicios de seguridad nacional. «Es creciente la preocupación nacional e internacional sobre la posibilidad de que las fuentes radiactivas puedan ser utilizadas por personas o conjuntos de personas con organización o sin ella, para causar intencionadamente daños a los trabajadores, al público, a la población en su conjunto y al medio ambiente, debido a la exposición indebida a las radiaciones ionizantes», admite la directiva.

El eje sobre el que giran todas las nuevas disposiciones de seguridad es la «protección física» de las máquinas y de las «fuentes radiológicas». Todo para «evitar, prevenir, detectar, retardar y responder a los actos malévolos que intencionadamente pudieran ocurrir».

El Consejo de Seguridad Nuclear, en línea con los informes de las fuerzas de seguridad, agrupa la posible amenaza terrorista («actos malévolos», en el argot) en dos «grandes tipos»: el «sabotaje radiológico» y el «robo, hurto o retirada no autorizada de las fuentes radiactivas». Y esta segunda posibilidad es la que más preocupa a los especialistas del CSN y de los servicios de información, hastiados de que los operadores de estas máquinas susceptibles de usarse con fines terroristas no pongan todo el empeño en su custodia, como ocurrió el pasado marzo en Sevilla cuando fue sustraído de un coche un equipo para la medida de densidad y humedad del terreno con dos fuentes radiactivas de baja actividad, (una de cesio-137 y otra de americio-241/berilio) o cuando en mayo de 2014 en Almendralejo (Badajoz) desapareció otro de estos 'maletines radiactivos'.

A partir de ahora, el operador tendrá la obligación de «diseñar, desarrollar, implantar, mantener y actualizar el sistema de protección física de las fuentes radiactivas», que utilice su empresa. El CSN obliga desde la pasada semana a que cada empresa tenga «un responsable directo de la protección física de las fuentes radiactivas», con la «autoridad y capacitación suficiente» para tomar decisiones, incluso en situaciones de emergencia. Cualquier empresa que cuente con estas máquinas sensibles tendrá que crear un «departamento de seguridad», que será el que esté en permanente contacto a través de varios canales con el Ministerio del Interior.

El CSN pone el acento en la necesidad de que los operadores tengan actualizados los inventarios del material radiactivo; que denuncien de inmediato cualquier desaparición o la vulneración de los sistemas de seguridad; que actualicen las denominadas «barreras físicas» para el acceso al material sensible; o que se comprueben «diariamente» el estado de las «fuentes radiactivas». Y lo más importante: todas las instalaciones que posean estas sustancias tendrán obligación de contar con un servicio permanente de vigilancia.