La Rioja

LA MAYORÍA DE NOSOTROS

Puestos a preferir, los españoles escogeríamos que no nos dieran más la lata con unas nuevas elecciones. Los votantes no es que se sientan humillados y ofendidos, sino decepcionados y engañados. La culpa no es de ellos, sino de eso que llamamos la situación, que no sabe a qué puerta llamar para que no le den con ella en las narices. ¿Qué pasaría si la abstención fuera escandalosamente mayoritaria? ¿Qué votarán ellos, que son los que se divierten barajando nuestras papeletas, una vez usadas para las más íntimas higienes? Los que siempre hemos procurado escoger a nuestros amigos entre personas más inteligentes y más pacientes que nosotros, empezamos a tenerlo claro: sea lo que ustedes quieran que sea. Todas las arquitecturas son efímeras, como en el libro de Francisco Ruiz Noguera. Siempre tienen razón los poetas. Sobre todo cuando aconsejan mirar la línea rizada en blanco que pone lindes a esta ciudad que sueña con que el horizonte está al cabo de la calle. ¿A quién perjudico yo no creyendo en ninguno de los que me recomiendan tomar partido? Los españoles, como no sabemos a qué atenernos, nos atenemos a las circunstancias y tres de cada cuatro ciudadanos rechazan ir a las urnas por tercera vez en un año.

Cuando me preguntan los amigos de mayor confianza a quién voy a votar -los de menor confianza no son amigos- les digo que a mí también me gustaría saberlo. Más que nada por curiosidad. Paul Valery, que aprendió mucho del mar antes de que fuese el cementerio marino que es ahora, decía que la verdad tiene las mismas propiedades que el fuego y hay personas de las que nada se puede decir que no sea en seguida inexacto. En su época no había coloquios televisivos, pero ahora abundan los que la exhiben, a tanto el minuto. Ese soldadito español, muerto accidentalmente, lejos de España, ha merecido 16 segundos en la llamada pequeña pantalla. Menos da una piedra y una madre patria.