La Rioja

NUESTRO TREN DE VIDA

Por algo que no podemos atribuir a la diosa casualidad, que es la más influyente de nuestras deidades, la desgracia se está cebando en Galicia. Todavía no han acabado de quemarla cuando llegan los descarrilamientos. Los pirómanos disminuirían no si hubiese más bomberos, sino más vigilancia en las vías secundarias, que en España son casi todas, exceptuadas las principales. El tren accidentado en O Porriño, poco después de salir de Vigo, en opinión de los expertos, llevaba mucho tiempo desafiando a la suerte y circulaba por una vía secundaria, llamada de servicio, cuando se produjo la catástrofe y la cafetería de la cantina se convirtió en un hospital. Se dice que el azar tiene sus leyes, pero como no las conocemos tampoco está a nuestro alcance descifrar su código. La desgracia existe y se cuela por cualquier rendija, pero no conviene abrirle las puertas de par en par. ¿Estamos haciendo los españoles todo lo que podemos para que no entre en nuestra casa? Europa nos reprende por la parálisis gubernamental, mientras otros nos echan una bronca por no cumplir nuestros compromisos. Como siempre, la táctica de 'ir tirando' acaba cuando se rompe la cuerda.

Felipe González, siempre lúcido, ha lanzado una idea después de haberse lanzado persiguiendo su bienestar privado: propone que ningún candidato repita si hay unas terceras elecciones. Les pide a los cabeza de lista que no se vuelvan a presentar, aunque no les dice que sean impresentables. Únicamente les sugiere que no insistan y renuncien a encabezar las candidaturas de sus respectivas formaciones en el caso, todavía evitable, de que hubiese que repetir unas terceras elecciones. Su tesis, una vez más sensata, es que no pasen por 'el enorme rubor' de decirle a los ciudadanos que se han equivocado dos veces en un año. Quizá ignore o quiera ignorar que ese enrojecimiento del rostro, provocado por la vergüenza, sólo puede afectar a los que tienen vergüenza.