La Rioja

Podemos y Ciudadanos cierran las puertas a Sánchez

  • Iglesias exige incluir en el pacto a los independentistas y Rivera apuesta por un Gobierno del PP en minoría

Madrid. A Pedro Sánchez se le van cerrando las puertas una tras otra y su afán de trenzar una alternativa a Mariano Rajoy parece cada día más condenado al fracaso. Podemos condiciona el acuerdo con el PSOE a que entren en el paquete los soberanistas vascos y catalanes, mientras que Ciudadanos solo ve viable un gobierno del PP en minoría. El camino se estrecha para el líder socialista, que va a tener que optar entre abrir un debate en su partido sobre la abstención para permitir que gobierne Mariano Rajoy o asumir la inevitabilidad de las terceras elecciones.

Cuatro días de consultas y declaraciones cruzadas han servido para que Sánchez constate que su empresa de desbloquear la situación política con una mayoría alternativa a Rajoy tiene visos de meterse en un callejón sin salida. «La situación es complejísima», convino el portavoz socialista en el Congreso, y, por tanto, «no hay que crear falsas expectativas» sobre las posibilidades reales de alcanzar un acuerdo. Antonio Hernando, el brazo parlamentario de Sánchez, no tiró la toalla, pero casi, ante los planteamientos de los potenciales aliados, todos inasumibles hasta ahora para los socialistas.

Pablo Iglesias, además de apuntar que los ciudadanos «están hasta las narices» de esta situación de bloqueo, señaló ayer que «la única» posibilidad de sellar un pacto alternativo es que formen parte del mismo las fuerzas independentistas catalanas y el PNV. Las alternativas de un pacto entre Podemos y los socialistas con la abstención de Ciudadanos es imposible y, por tanto, los números parlamentarios solo salen con Convergència, Esquerra y los nacionalistas vascos.

Íñigo Errejón incidió en la misma idea y reclamó que el «núcleo» de cualquier negociación sea un acuerdo previo entre PSOE y Podemos. El número dos de Podemos señaló que tras ese entendimiento habría que buscar los apoyos parlamentarios necesarios entre los indepedentistas, vía que, admitió, no es sencilla, pero es posible. «Eso no lo vamos a hacer, que nadie tenga la menor duda», replicó Hernando en una entrevista en Antena 3.

La otra pata del eventual acuerdo, Ciudadanos, se desentendió de cualquier compromiso con los socialistas a solas o acompañados porque «la única» salida viable es que el PP gobierne en minoría. Todo lo demás, diagnosticó el vicesecretario general de los liberales, José Manuel Villegas, es tender «cortinas de humo para ganar tiempo» en las disputas internas del PSOE y mantenerse al frente del partido.

El portavoz socialista en la Cámara baja respondió de nuevo que de ninguna manera van a facilitar otro mandato de Rajoy, y añadió que esa es la postura socialista ahora y será la misma después de las elecciones vascas y gallegas.

Muy complicado

Hernando y otros socialistas admiten que conseguir un acuerdo para desalojar a Rajoy es «muy complicada», pero el equipo más cercano a Sánchez no se da por vencido a pesar de las negativas o propuestas imposibles que cosecha su líder en la yerma ronda de contactos.

Con este decorado, los socialistas se van a ver abocados, salvo improbable milagro, a elegir entre encastillarse en el 'no', y en consecuencia ir a nuevas elecciones en diciembre, o tragarse las negativas y abrir un debate que se sustanciará en un Comité Federal tras los comicios autonómicos para decidir si facilitan con su abstención un nuevo mandato de Mariano Rajoy. El problema en el PSOE es que nadie quiere ser el catalizador de ese debate para que esa responsabilidad la asuma en persona el secretario general en solitario. «Nadie quiere pasar a la historia como el socialista que propuso que gobierno el PP», afirmaba con resignación un diputado del PSOE que se confiesa «harto» de la dinámica de los barones en su partido.

En el entorno del secretario general nadie, por ahora, se plantea en público replantearse la negativa a Rajoy. «No es una cabezonería», arguyó Hernando. Es, prosiguió, una decisión que obedece a razones «éticas, políticas e ideológicas» porque el líder del PP no ha sido ni será «un buen» presidente del Gobierno.