La Rioja

REBELIONES A BORDO

Algunas enfermedades, consideradas en principio como benignas, pueden conducir a un mal final. La 'soriaris', cuando se escribe con mayúscula, en dudoso honor al exministro José Manuel Soria, que dimitió en abril por las salpicaduras de los 'papeles de Panamá', que sigue pringando a más gente. El PP, quizá por primera vez, se rebela contra su terco capitán, que cree que a él hay que consentírselo todo, que para eso es el que manda, hasta que le manden a hacer puñetas. Varios dirigentes regionales se han mostrado incapaces de digerir el voluminoso sapo, a pesar de las magníficas tragaderas. Al señor Soria se le reconocen dos cosas: que vale mucho y que siempre cobra más de lo que vale. Incluso Feijóo, siempre tan dúctil, dice que su nombramiento era «difícil de entender». También les ha extrañado a la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y a su antecesora, Esperanza Aguirre. ¿A quién le gusta este valioso señor, acusado de embustero? ¿Solamente a Rajoy, que es su amigo? De momento ha dividido al Gobierno, mientras unía un poco más a los que quieren derribarlo.

El Rey, que no creemos que tenga más paciencia que un santo sino exactamente la misma, ha reclamado a los partidos políticos que hagan el favor de pensar en los ciudadanos. La verdad es que nos traen locos, después de 262 días sin Gobierno, con sus correspondientes noches en blanco y negro. Pensar es hablar con uno mismo, eso que algunos llaman diálogo interior, pero hay muchos charlatanes que nos impiden concentrarnos porque, además, como buenos españoles, creemos que hay una razón directa entre la verdad y los decibelios. ¡Cuán gritan estos malditos y cuánto callan los silenciosos! Su Majestad no convocará «por el momento» otra ronda de contactos con los representantes de los partidos hasta que no lleguen a un acuerdo para salvar la XII Legislatura. El Jefe del Estado se ha reunido con Ana Pastor durante más de una hora. Después del 31 de octubre expirará el nuevo plazo, pero después vendrá otro. Ojalá no se aburra. Ni él, ni nosotros.