Más sencillo, mucho mejor

La carrocería mantiene similares proporciones a las de su predecesor. :: L.r.M.
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La carrocería mantiene similares proporciones a las de su predecesor. :: L.r.M.

Espacio, calidad de acabados y precio añaden competitividad al nuevo Subaru XV XV

JAVIER GALILEA

El estreno de una plataforma nueva, convierte a este modelo de acceso a la gama japonesa en un competidor muy serio por espacio, calidad de acabados y precio. Navega en solitario con su tracción integral de serie, suspensión de auténtico todo terreno y cambio automático, siempre de gasolina y en dos potencias a elegir.

Sin haber llegado al grado de veterano, el XV se ha visto renovado por completo con el estreno de una nueva plataforma modular, que servirá en el futuro próximo de base para el resto de sus hermanos mayores. Una serie de cambios que no se ven, pero si se sienten en una carrocería de similares proporciones y mejor rendimiento: es un 70% más rígida a la torsión, rebaja aún más su centro de gravedad, pesa menos y de esta forma, puede montar una suspensión más firme, con lo que el Subaru XV balancea en curva la mitad que antes, estando aún más lejos del suelo (22 centímetros). Este hecho unido a una dirección más rápida, consigue cambiar por completo las sensaciones que antes el modelo presentaba en carreteras de curvas, en las que ahora se siente como pez en el agua sin aspavientos de la carrocería en los cambios de inercia. Confortable pero sin llegar a ser blando y capaz de merendarse baches y roderas en caminos sin transmitir sufrimiento, es sin duda la mejor suspensión que se puede encontrar en un todocamino.

La renovación del Subaru XV ha sido absoluta. Incluso estrena plataforma La dotación de seguridad activa y pasiva está ahora a la altura de los mejores

Si había que comerse un pequeño sapo en la primera generación, este era el interior. Sencillo hasta el aburrimiento, todo gris y excesivamente orientado a la funcionalidad, perdía en su comparación con otros compactos de precio parecido. La foto ahora cambia por completo, con un salpicadero de diseño normalito, pero de aspecto mucho más logrado: dos grandes pantallas, remates cosidos aquí y allá, teclas bien agrupadas a la vista y unos asientos de mejor factura y más agarre lateral, consiguen transmitir una sensación de cierto lujo que ahora sí, encaja con el posicionamiento de la marca y se agradece en el modelo más asequible de la gama: desde 21.900 euros.

Por ese precio, ningún SUV de la competencia ofrece cambio automático y tracción a las cuatro ruedas con iguales prestaciones en firme deslizante. Pero también es cierto que quien quiera salirse del guion, tendrá que darse mus. Solo hay disponibles dos motores atmosféricos de gasolina, 1.6 de 117 caballos y 2.0 de 156, y un cambio de variador continuo muy evolucionado. El diésel desaparece de la lista pero también la sobrealimentación de los motores de gasolina. Un hecho que sin duda impactará positivamente en la fiabilidad, a costa de perder la pegada a la que estamos ya mal acostumbrados desde la época del TDI. En todo caso, el coche anda muy bien y no se siente escaso de potencia ni en la versión más corta, porque se pueden aprovechar más las inercias que antes y así tocar menos el freno. Conducción suelta, quiero decir.

La dotación de seguridad activa y pasiva está ahora también a la altura de los mejores. Solo con lo bueno que es el conjunto dirección-suspensión-frenos, el XV ya destaca. Pero ahora además puede contar con la última generación del eye-sight. Un sistema que utiliza la visión de dos cámaras frontales para analizar el comportamiento del tráfico circundante, anticipar frenadas de emergencia o regular el control de crucero, de forma más natural y sofisticada que los sistemas basados exclusivamente en radar de distancia.

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