El líder defiende su posición

Las luces automáticas y direccionales, combinan led y xenón. :: L.R.m./
Las luces automáticas y direccionales, combinan led y xenón. :: L.R.m.

C4 PICASSOCitroën mantiene su apuesta por una silueta monovolumen

En un mundo plagado de alternativas con silueta de todo camino para transportar personas, Citroën insiste con un monovolumen. Y lo hace porque ofrece espacio a raudales, modularidad fácil de usar y un equipamiento soberbio que se disfruta en paz... y porque tiene precio fetén, que lo ha hecho ser el más vendido en 2017.

El año pasado, el C4 Picasso, con 14.315 unidades matriculadas, ha vuelto a ser el líder indiscutible de los monovolúmenes familiares compactos de cinco o siete plazas. Su inmediato competidor, Renault Scénic, se quedó 6.000 unidades por debajo. ¿Qué tiene pues esta agua para que la bendigan?

Honesto y mejorado

Hemos convivido con el coche durante un par de semanas, y las mejoras incorporadas en 2017, acaban con dos pegas con las que nació esta nueva generación con el chasis EMP2 modular del 308: el cambio con embrague pilotado, ahora sustituido por una caja automática convencional japonesa que funciona fenomenalmente, y el manejo de las pantallas que lo controlan todo, que si bien no mejora por tacto, al menos sí por rapidez y organización.

Por fuera, la novedosa estética que estrenó en 2013, con unos faros principales que pasaban desapercibidos en favor de una poderosa línea visual compuesta por las tiras de ledes unidas mediante un gran doble chevrón cromado, se ha consolidado sin estridencias al haber sido replicada en toda la gama. El perfil asimétrico y visualmente más bajo le hace parecer más dinámico. La zaga, con unos muy agraciados pilotos que parecen tener una profundidad infinita, añade aires a la moda todo camino con un enorme portón que lo cubre todo excepto el paragolpes. Pilares finos, algunos cromados y llantas pintadas en dos tonos, rematan un conjunto innegablemente equilibrado: gustará más o menos, pero se reconoce un cuidado mayor que en el pasado.

Misma cosa sucede nada más echar mano del tirador: las puertas dan la sensación de pesar y ajustar mejor. El salpicadero pierde las guanteras superiores, pero gana en sensación de solidez o detalles como un enorme cofre central en el que hay conexión USB, de mechero y ¡voilá!, de 220V como el enchufe de casa. Parece pues que hay más coche, y es muy meritorio porque ha adelgazado la friolera de 140 kilos, aun estando más equipado. La postura al volante es muy confortable y apta para cualquier talla: se va más sentado que tumbado y la sensación de circular en la mejor plaza de un autobús de dos pisos, tiene que ver con la enorme luna delantera, que termina casi en línea con nuestra coronilla. Cualquier otro coche agobia después de disfrutar de semejante grado de visibilidad.

Con tanta luz en el interior, más aún si tiene techo de cristal, es meritorio que las pantallas se vean bien. La superior permite configurarse al gusto tres cuartas partes de navegador y una de instrumentación, o una lectura de datos mínima, o cualquier otra cosa desde una ruedecilla en el volante (tiene cuatro) a excepción de la climatización, que siempre está en la pantalla táctil inferior. No tiene nada que ver con los modelos de años anteriores, porque las transiciones son rapidísimas y la información está mejor organizada. Sin embargo, es una pena que, entre las dos pantallas, no haya una mejor colaboración para evitar cosas tan absurdas como que el navegador, muestre lo mismo arriba y abajo.

El confort prevalece por encima de cualquier otro condicionante. Los asientos delanteros, hasta llevan masaje; el del pasajero, hasta un reposapiés como el de los butacones relax de casa. Las traseras tienen anclajes Isofix para las sillas de los niños, así como múltiples regulaciones, y tirando con un dedo de una cuerda, se esconden bajo el suelo dejando un maletero enorme y plano como el de una furgoneta. Se aparca además él solito, y de verdad que una vez probado, fastidia tener que hacerlo a mano.

Confortable

En marcha, el ahorro de peso, un centro de gravedad más bajo, un motor más potente unido a un cambio digno y la generosa monta de ruedas de 18 pulgadas, ofrecen una agilidad fuera de toda duda. El Picasso es efectivo en curva, no pierde la compostura aun yendo fuerte y cargado, y la dirección eléctrica no informa de nada, pero tampoco flota de forma inquietante. Claro que donde mejor va, es en autovía, sobre todo porque el control de crucero al fin interviene sobre los frenos y mantiene al coche dentro del carril (con más agresividad que un VW Touran, todo hay que decirlo), de forma que devora centenares de kilómetros sin cansar.

La única sombra de esta combinación de motor más potente y mejor cambio, es el consumo. Honestamente, incluso yendo suave es difícil bajar de los siete litros altos. Hay mucha superficie frontal, por carrocería, pero también por la sección de los neumáticos, y se nota. El consuelo: yendo rápido, nunca pasa de 8,5 litros.

Competitivo

Repleto de equipamiento, confortable y práctico, el C4 Picasso tiene otro atributo fundamental: es barato. Se fabrica en Vigo para todo el mundo, y producirlo a porrillo tiene sus ventajas a la hora de obtener precios ajustados. El de las fotos, no supera los 28.000 euros de tarifa. Pero es que Citroën aplica agresivas campañas de precio en el concesionario, y lo normal es sacarlo con un precio que provoca una mueca de sonrisa. Aprovéchese pues.

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