Varea se queda sin sus carniceros

Balbino Moreno y Begoña Laya posan sonrientes tras el mostrador en el que llevan despachando desde 1981./Juan Marín
Balbino Moreno y Begoña Laya posan sonrientes tras el mostrador en el que llevan despachando desde 1981. / Juan Marín

Balbino Moreno y Begoña Laya se jubilan tras 36 años detrás del mostrador, a la espera de que alguien siga con el negocio | La carnicería-charcutería Begoña abrió en el barrio por casualidad y, si nadie se atreve con el traspaso, su cierre dejará al barrio un poco más huérfano

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

«Me fastidiaría mucho que Varea se quedase sin carnicería», concluye Balbino mientras Begoña despacha a una clienta de toda la vida que asiente con la cabeza. «El barrio lo está sintiendo ya», añade ella devolviendo el cambio de la caja registradora. La carnicería-charcutería Begoña, la única del barrio, cerrará el próximo 28 de marzo, miércoles previo al Jueves y Viernes Santo, y si nadie se decide a continuar con el negocio, Varea se quedará sin uno de sus establecimientos de referencia.

Balbino Moreno y Begoña Laya colgarán el delantal por jubilación tras 36 años detrás del mostrador. «Para los de aquí es una faena», sentencia la clienta antes de despedirse. «Los que se han interesado por un posible traspaso se asustan del trabajo que conlleva... ni siquiera preguntan por el precio porque el precio, si viene alguien con ganas y un poco profesional, no sería problema alguno», explica Balbino.

Begoña y Balbino llegaron a Varea por casualidad en 1981. Una quiniela de 13, premiada con 800.000 pesetas de entonces, tuvo la culpa. A Moreno, como buen atlético, no se le llegó a pasar por la cabeza que su Atleti pudiese perder en casa contra el Salamanca. Pero el por entonces 'pupas' rompió los pronósticos y privó a Balbino de acertar los 14 y de cobrar 47 millones. «Perdió la posibilidad de hacerse rico, pero ganó un negocio para 36 años», precisa hoy, viéndolo con perspectiva, uno de sus dos hijos.

El matrimonio abrió el negocio con 800.000 pesetas de una quiniela de 13 acertada en 1981

Él, que repartía carne en un camión frigorífico y aprendió el oficio en una sala de despiece; y ella, trabajadora de Europunto, la antigua Estambrera, adquirieron una lonja en el número 17 de la calle Calahorra y empezaron a ganarse la vida por cuenta propia. «¿Que por qué Varea? Un hermano mío compró piso aquí, esto era todo campo y en aquel entonces había dos carnicerías más, pero una cerró al poco de abrir nosotros y la otra por jubilación al tiempo», recuerda el matrimonio logroñés.

Los comienzos como tales fueron con Begoña sola al frente, pero viendo que el primer día que abrieron la recaudación fue de 25.000 pesetas, Balbino no tardó en coger los bártulos. Y así han estado, codo con codo, hasta ahora... «Lo hemos llevado bien, la verdad. Hay quien dice que no podría trabajar con la pareja y menos en un espacio tan reducido, pero cada uno hace lo suyo y no hemos tenido mayor problema», coinciden en señalar ambos.

Siempre juntos... y, desde los primeros momentos, revueltos con la gente del barrio. Balbino y Begoña más que clientela han ganado amigos y se han integrado perfectamente en la vida de Varea. Tanto que llevan más de 30 años repartiendo choricillo cada festividad del Pilar, hasta llegar a los 380 kilos y 3.000 personas del último año.

Desde el 2000, además de la carnicería, el negocio cuenta con un obrador-secadero en las proximidades donde elaboran chorizo, panceta y todo tipo de adobados, «el complemento perfecto que da un 'plus' al negocio». «Nos da pena cerrar, claro que sí... pero tras toda una vida trabajando de sol a sol ya no podemos más y ha llegado la hora de dar el relevo», dicen. Un relevo que, a menos de dos meses de despedirse, sigue sin llegar.

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