Tres Reyes Magos, tres helicópteros

Los helicópteros del BHELMA-III aterrizan en el viejo Las Gaunas. :: delegación de defensa en la rioja
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Los helicópteros del BHELMA-III aterrizan en el viejo Las Gaunas. :: delegación de defensa en la rioja

MARCELINO IZQUIERDO VOZMEDIANO

No eran buenos los augurios que modelaban el futuro del mundo en los albores del aquel recién nacido 1991. Estados Unidos había lanzado un ultimátum a Sadam Husein para que sus tropas se retiraran del invadido emirato de Kuwait. Pocos días después, el 16 de enero y bajo el auspicio de la ONU, la Operación Tormenta del Desierto invadiría Irak desencadenando la I Guerra del Golfo.

Quizás por ello, los mayores llevaban preocupados toda la Navidad debido al cariz que estaban tomando los acontecimientos. Mientras tanto los niños, ajenos a la compleja coyuntura internacional, disfrutaban de sus vacaciones y, antes de regresar al cole, esperaban con ansiedad los juguetes de los Reyes Magos. Esperaban aparecer en el horizonte los ansiados helicópteros cargados de ilusión y de regalos. Nada que ver con lo que ya se barruntaba en Oriente Medio.

La víspera de la Epifanía, una mañana de sol intenso fue testigo del recibimiento que el campo municipal de Las Gaunas ofreció a sus Majestades de Oriente, cada uno 'a lomos' de su respectivo aparato. Era la época dorada del viejo estadio blanquirrojo, con el CD Logroñés todavía codeándose con los mejores equipos de la Liga de las Estrellas, y con Melchor, Gaspar y Baltasar aterrizando en el césped sobre tres aeronaves del Batallón de Helicópteros de Maniobra III (BHELMA-III), adscritos a la base aérea de Agoncillo. Al año siguiente, sin embargo, sería un único helicóptero el que transportara a la capital riojana a los Reyes Magos.

Abarrotadas las tribunas de niños y de sus acompañantes (madres, padres, abuelos, hermanos, tíos...), los sus Majestades de Oriente pudieron contemplar desde el cielo la ilusión de los más pequeños. Miles de pañuelos blancos se agitaban al viento, secundando la petición del periodista Esteban Prudencio Alcalá a través de la megafonía.

Antes de aterrizar, los helicópteros sobrevolaron el zona sur de Logroño hasta que, con militar disciplina, se posaron suavemente sobre el verde tapiz. La chiquillada enloqueció cuando Melchor, Gaspar y Baltasar se acercaron al graderío antes de saludar a las autoridades y, con paciencia infinita, recogieron cuantas peticiones les fueron entregadas mientras recorrían el perímetro del rectángulo de juego.

Los aparatos del BHELMA-III, entonces UHEL-III, despegaron con elegancia para regresar a Agoncillo, mientras los Reyes siguieron su periplo logroñés en coche.

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