¿EL TORO? POR LOS CUERNOS

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

No puedo dejar de sacudirme la idea de que soy una ciudadana de segunda en una tierra castigada a mirar a la pared mientras el resto se sienta a la mesa a comer su pedazo de tarta. Unos rebañan hasta las migas y se solazan mirando los suculentos trozos de pastel que aún les quedan por engullir y otros, famélicos, esperamos -éste es el verbo que históricamente mejor conjugamos los riojanos- a que al vecino se le caiga un mal pedacillo que llevarnos a la boca.

Es la sensación que tengo cada vez que el ministro de turno nos niega la mayor. La última medida planteada por el Ministerio que ahora dirige Íñigo de la Serna no deja de ser un parche con el que atajar un problema de inseguridad vial en la N-232, sin duda de consecuencias fatales para demasiadas personas. Desviar los camiones y no todos, sino los de grandes dimensiones, a la AP-68, es como poner una tirita para suturar una operación a corazón abierto. Una solución tímida a un problema lacerante. Y hacerlo a bajo precio, aunque sea minimizando con subvenciones el impacto que la medida pueda tener en los bolsillos de los transportistas, es desviar la responsabilidad de las deficitarias y deficientes infraestructuras de La Rioja a un determinado colectivo y hacerles pagar por una decisión errónea, tan aplaudida entonces por el Ejecutivo regional, de prorrogar la concesión de la AP-68 hasta el 2026. El ministro Arias Salgado pospuso el fin del contrato con la autopista a cambio de una bajada en el precio del peaje. Una rebaja que por desgracia muchos han pagado demasiado caro como para seguir planteándose parches y más parches y no coger de una vez el toro por los cuernos.

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