Sopapo merecido

EDUARDO GÓMEZ

Ha pasado a mejor vida el llamar desde las terrazas de las cafeterías a los camareros mediante un par de sonoras palmadas. El solícito empleado se hacía eco del requerimiento respondiendo con un «!voy!». Y se cuenta que en una terraza del Espolón la cruzaron unas chavalas de buen ver y al pasar junto a un velador donde estaban sentados unos mozos, uno de ellos se aprovechó de la proximidad para hacerle un tocamiento a una de ellas, recibiendo de la moza a cambio un sonoro bofetón, lo que provocó que el camarero de turno, un tanto distraído, exclamase un rápido: «¡voy!».

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