Sin serenos

El Ayuntamiento parece prescindir de guardias nocturnas los fines de semana, que es cuando más se necesitan. Hace muchos años, además de guardar el orden, los serenos abrían la puerta del portal a los trasnochadores, a los que se les había olvidado la llave o no las llevaban adrede por su desmesurado tamaño, a quienes solicitaban su auxilio dando sonoras palmadas, etcétera. Portaban los duplicados en pesados manojos colgados de sus cinturones o las tenían escondidas en las gateras. Eran celosos para prohibir que la gente cantara por la calle a horas intempestivas y su argumento disuasorio era el chuzo.

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