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La ruta de los Vendimiadores

Los vendimiadores brindan con Nicoleta Mondovan en la Gota de Vino.

Recorremos Laurel y San Juan con Natalia Sáez y Cristian Sarramián y atendemos a sus gustos y recomendaciones

CÉSAR ÁLVAREZ

Cristian Sarramián y Natalia Sáez no se conocían antes de ser elegidos vendimiadores («ni siquiera de vista», apunta ella), pero desde entonces han tenido la oportunidad de comprobar que tienen muchas más cosas en común que el ser los representantes de los riojanos en las fiestas que hoy comienzan. Risueños, extrovertidos, alegres y muy sociables. Han conectado rápidamente y ahora afrontan una semana que esperan «muy especial» y en el que no descartan que se les caiga alguna lagrimita de emoción.

Uno de los momentos que temían como más críticos ya lo han superado, era la imposición de las bandas: «Es el momento en el que oficialmente te nombran vendimiador», pero luego hay otros dos especialmente señalados. El primero es el lanzamiento del cohete (ambos insisten en que no es el chupinazo sino el cohete, denominación mucho más riojana...) y el otro es la quema de la cuba, el último día de las fiestas. Sobre el cohete comentan «tiene que ser muy especial ver a toda la gente ahí abajo, esperando al inicio a la fiesta... y luego cuando llega la quema, ahí llorar será inevitable».

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Entre uno y otro acto, espera una semana intensa en la que es más que probable que no les dé tiempo a hacer algo de lo que más les gusta: visitar los bares de las zonas de Laurel y San Juan. Natalia -Nata le llama todo el mundo- es una habitual de las zonas, aunque demuestra un mejor conocimiento de la Laurel que de San Juan, mientras que Cristian no sólo es un habitual sino que para él, los jueves es una norma hacer un recorrido por ambas, después de hacer deporte (practica el fútbol sala y el pádel).

Como durante la próxima semana no podrán hacerlo, Diario LA RIOJA les ha invitado a hacer un recorrido por San Juan y Laurel para conocer sus gustos, e incluso a la hora de elegir la sintonía entre Natalia y Cristian es perfecta, y la mayoría de los bares a los que acuden son comunes.

Cristian propone iniciar el recorrido en La Alhóndiga de San Juan donde es un habitual. «Éste es el único sitio donde yo como pescado. Siempre pido el pincho de bacalao en tempura», que suele regar con un crianza.

Lucía Hernáez, la encargada del local, explica que el pincho no tiene mucho misterio. Se trata de un taco de bacalao desalado de buena calidad, servido en tempura con unos pimientos de Padrón. En estos 'Sanmateos' la previsión es multiplicar por tres o cuatro la cantidad de estos pinchos que se sirven: «En una semana normal, solemos servir unos 18 kilos de bacalao y en San Mateo, yo creo que llegaremos a los 45-50», señala.

El Calderas puede llegar a servir 160 kilos de calamares en San Mateo

Natalia propone visitar después El Calderas, ya en la calle Laurel. Un establecimiento que ya formaba parte de la ruta habitual de ambos, pero más desde que Javier Ruiz, su propietario, coincidió con ambos en las pruebas a vendimiador porque Javier también se presentó «y probablemente, volveré a probar suerte el próximo año».

En El Calderas, los vendimiadores recomiendan los calamares, esos de los que se llegarán a servir unos 160 kilos en los próximos días, pese a que en este bar también son típicos los gambones a la plancha, las piparras en tempura o la tosta de foie fresco con queso y caramelo.

La siguiente parada no dista demasiado de allí. Los vendimiadores no se decantan por el tradicional 'matrimonio' sino que prefieren el pincho de calabacín porque «la combinación de lo dulce con lo salado resulta atractivo», explican unos vendimiadores que puedan salirse de lo normal en los pinchos, pero no cambian el vino por nada.

La mayoría de los bares duplican, como mínimo, sus plantillas estos días

Después llega la visita a la Gota de Vino, donde la especialidad de la casa son los 'zorropitos' y aquí Cristian toma la iniciativa y se decanta por el mixto «el que tiene beicon y lomo porque el de sólo lomo o sólo beicon me sabe a poco».

En la Gota de Vino toman fuerzas para esta semana que ahora empieza porque saben lo que se les viene encima. Nicoleta, una de las camareras, explica que una semana normal se pueden servir alrededor de 500 zorropitos, pero son conscientes de que «sólo el día del chupinazo vamos a servir unos 3.000». Es una semana muy intensa «en la que también tenemos ratos para la diversión» y en la que la mayoría de los establecimientos doblan sus plantillas para poder hacer frente a lo que les viene encima. Así El Calderas pasa de 2 a 6 trabajadores o La Gota de Vino de de 2 a 8, en turnos para hacer frente a largas jornadas.

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