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EL HOMBRE PROPONE Y EL TORO DESCOMPONE

Garrido, con su primer toro, 'Ordinario', el segundo de la tarde. :: Justo Rodríguez

MI PUNTO DE VISTA - JUAN CRUZ GASTÓN

Más de lo mismo. O similar. Un aficionado me espetó en los pasillos de la plaza al finalizar la corrida: «Mira Juan Cruz, ayer ni chicha ni limoná, hoy no ha habido ni limoná ni chicha». Mira que somos exigentes los que nos consideramos aficionados y con pretensiones de saber un poco del tema. Tres orejas , una por coleta, que no está mal. Lo curioso es que visto lo visto, qué quieren que les diga, podían haber sido menos en función del desarrollo de las seis astados de la casa Domecq. Quizás peque de ser exigente, pero para un servidor la única oreja merecida de la tarde fue la que se llevó el sustituto del sustituto, es decir José Garrido. Cierto que el toro fue el mejor del encierro pero el extremeño lo hizo casi todo bien: verónicas garbosas con el capote y buenos muletazos por los dos pitones en series de cuatro y cinco lances por los dos pitones hasta la estocada final. Justo premio, bajo mi punto de vista.

La oreja que cortó a su primero el debutante Luis David Adame ya no me pareció tan justa pero la pidió el público y nada hay que objetar. Qué quieren que les diga, su toreo eléctrico, es decir, rápido y sin darle el sitio que pedía el burel, que era la media distancia. Yo no se qué pasa en estos mementos con lo de torear en cercanías. Gusta al espectador y también al aficionado, pero creo que se equivocó porque hasta al final el toro, descastado y con las fuerzas justas, cuando se distanciaba quería embestir.

Otra oreja en disputa, digo para el aficionado exigente, fue la de Ponce en su segundo toro, que, por cierto, le montó una faena de mérito. Confieso que cuando se fue decidido al centro del platillo para brindarlo a la plaza me extrañó, visto como se había desarrollado en los dos primeros tercios. La faena fue de un buen profesional, cosa que nadie le discute al valenciano, maestro de sacar partido a un toro 'muerto'. El toro tenía un pitón izquierdo muy rebelde. Ponce lo sobó por lo dos pitones y vimos que el derecho era fácil, lo contrario que por el izquierdo, pero lo sometió y logró naturales importantes. Pero amigos, el bajonazo que le metió, sin querer claro, echó un borrón a una faena de mérito. El presidente ante la insistente petición del público sacó el pañuelo y no vean la ovación y los saludos ceremoniosos de don Enrique. Al mejor escribano se le escapa un borrón. Pues eso. Lo del sexto toro, que se venía de largo con cierto son, fue una especie de 'desastre' desorganizado.. Mantazos por doquier, engañifas en sus dos toros. Eso si, voluntad a raudales. Bueno, pues que no salimos contentos del final porque el sexto era un inválido casi total.

Quizás peque de ser exigente, pero para un servidor la única oreja merecida fue la del sustituto del sustituto, es decir José Garrido

Emocionante fue el minuto de silencio tras el paseíllo en memoria y solidaridad con los numerosos muertos por el terremoto en Méjico. Adame, que brindó su primero a la plaza, lo hizo también al cielo.

La corrida desigual en la báscula: de los 501 del terciado tercero a los 582 del sexto. Eso en cuanto a la romana, que en mansedumbre y escasas fuerzas fueron similares casi todos los toros, así como a la falta de bravura, o si prefieren de casta, que también fueron bastante parejos.

No hay más remedio que hablar, o contar lo de la suerte de varas. Ya saben que en tauromaquia se dicen suertes no solamente a los tres tercios establecidos, varas banderillas y el tercio final, suertes también se denominan al toreo de capa y al de muleta y decir suerte a una corrida que apenas le hicieron sangre en el caballo me parece un poco exagerado. Lo curioso es que, como es habitual, cuando no se pican los toros parte del público lo aplaude. A me parece la antítesis del tercio que, otrora, era. y lo sigue siendo, fundamental para calibrar la bravura y las fuerzas de los toros. No deja de ser curioso. Dicho queda que por no picar se les aplaude a los picadores, pero hemos sido testigos numerosas tardes que cuando un toro puesto en suerte para el caballo y cuando el picador cita dando los pechos del caballo enfrontilado con los pitones del burel, cuando se arranca éste y gira unos grados el picador al caballo, si se agarra bien y el toro mete los riñones empujando, humillada la cabeza y romanea, el público y el aficionado se pone en pie para ovacionar al toro y al torero a caballo. He sido testigo presencial unas cuantas veces y es espectacular.

Les voy a confesar lo que me pasó ayer mediada la faena del sexto de la tarde: uno que toma muchas notas con letra que la entiendo yo, me planté y lo escribí en la libreta de trabajo «ya no escribo más'. La verdad es que tampoco fue necesario, me puse a contar en el quinto los manotazos y fin.

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