La Rioja

De tributo en tributo y tiro porque me toca

Deivis y Odón, de El Cuarto Verde, en el Parrilla Rock. :: S. TERCERO
Deivis y Odón, de El Cuarto Verde, en el Parrilla Rock. :: S. TERCERO
  • Los conciertos de homenaje a Héroes del Silencio y Los Delinqüentes protagonizan la penúltima noche de San Mateo

Logroño. Que haya un grupo de tributo a una banda legendaria es comprensible. Al fin y al cabo, todos los músicos interpretan versiones de sus artistas favoritos. Que haya un grupo de tributo a uno que todavía existe parece una contradicción. Llegará el día en que surja un grupo de tributo de una banda con sólo un disco en el mercado y la copia llegará a tener más repercusión y ofrecer más conciertos que el original. Ese día llegará, si no ha llegado ya. En el programa de las fiestas de San Mateo, por iniciativa pública o privada, ha habido media docena de tributos, algo excesivo. Logroño puede y debe ofrecer algo más.

Para colmo, el concierto de Dr. Trotski en el parque del Carmen se suspendió. Un escueto cartel pegado con un trozo de celo al escenario informaba contradictoriamente que «el concierto de "Dr. Troski" [sic], finalmente no se va a celebrar debido a que se incluyó por error en la programación». Si no se celebró «finalmente», es que en algún momento hubo posibilidad de que se celebrase y, por tanto, no pudo haber tal «error en la programación». Realmente, informa la banda, la asociación de vecinos de El Carmen sí deseaba realizar el concierto, pero no obtuvo la esperada subvención para poder organizarlo y tuvieron que suspenderlo. Al menos, Dr. Trotski tocó el martes en el Odeón Single.

En la calle Sagasta, los DJs y 'food trucks' igualmente anunciados se quedaron en el disco móvil Los Cachis y la camioneta local de San Quintín que hasta ese día había ofrecido servicio en el Espacio Peñas 2.0.

Menos mal que Two in Harmony había puesto música a la tarde en el Espacio Peñas 2.0, igual que The Funestos en la calle Fundición y The Derty Gerties en Siete Infantes de Lara. La del viernes pudo ser la gran jornada de Isabel Bermejo, a la que es un gustazo oír y ver cantar en cualquiera de sus facetas. Una maravilla. Primero lo hizo a dúo junto al guitarrista Ángel Agüera, interpretando versiones de jazz y soul y obligando a la organización a colocar más mesas en el Espacio Peñas 2.0. Después, también con Agüera, mostró su faceta 'heavy metal' al frente de Black Desert en el Parrilla Rock. El grupo tocó buena parte de las canciones de sus dos discos, 'The beginning' y 'The road is open', dando buena cuenta de su metal sinfónico. Y suenan bien, casi agradan hasta a los no amantes del heavy, pero da la sensación de que, sin Isabel, la banda sería una más. La plaza, casi llena, contó con góticos y emos entre el público.

Primero, variando el programa, tocó el grupo invitado de The Purple Elephant, haciendo doble sesión tras tocar también en el 'Vermú Parrillero' del mediodía junto a Guirimbi Rock DJ, Área G y Gypsy B. Cerró la tercera jornada del Parrilla Rock El Cuarto Verde presentando su cuarto y nuevo disco, 'Metroglobina', un buen trabajo que confirma la evolución de la banda hacia un rock limpio. Con la dedicación de Odón Serón a la música, La Rioja pierde a un poeta pero gana a un buen letrista, que hace más falta. Odón rompió una cuerda de su guitarra en la última canción del repertorio, por suerte después de haberse metido a un nutrido grupo de espectadores en el bolsillo, que incluso cantaron los estribillos de sus canciones. Y, también por suerte, fue en los últimos compases del directo cuando a un conductor se le ocurrió circular por en medio de la plaza con su coche para salir al Muro del Revellín.

Al lado, en el Espacio Peñas 2.0, actuaba a la vez, a medianoche, Garrapateros, un tributo a Los Delinqüentes. Después de que su propio cantante, el original El Canijo de Jerez, reconociera en una entrevista tras deshacer el grupo: «Me aburrí un poco, era lo mismo de los 11 años anteriores»; cabe poco que añadir. Aún así, Garrapateros exhibió cantante punk e hizo disfrutar a un aceptable número de espectadores con rumbas célebres del grupo como 'La primavera trompetera'. El recinto estaba perfumado, olía a Naturaleza, y se respiraba buen ambiente y diversión a pesar de las letras ultrasencillas que rimaban guitarra, alpargata y Chiclana. Lo más exótico fue no ya el cantante de cresta para un grupo más bien 'hippie', sino el uniforme de almirante que lucía uno de los guitarristas.

En ese mismo escenario actuó antes La Regadera, un grupo de ska con siete músicos y que transmitió mucha fiesta gracias al jolgorio producido por el saxo y la trompeta: «¡A reír, a soñar, a cantar, a sonreír y a insultar!». Fueron muy aplaudidos y celebrados, igualmente, por las buenas sensaciones transmitidas. Y eso que el trompetista sopló sin camiseta y con la parte de abajo de un chandal, muy al estilo cani.

Como fieles seguidores tuvieron en primeras filas a algunos miembros de la peña La Vendimia, que después acudieron a la plaza del Mercado para asistir al concierto de Iberia Sumergida. De tributo a tributo y tiro porque me toca. Parece el juego de la oca la programación musical de San Mateo. Esta vez el turno del supuesto homenaje fue para Héroes del Silencio y reunió a un millar de espectadores divididos entre la curiosidad por la gratuidad de la propuesta y el fanatismo incondicional. Tener ídolos de barro no es conveniente, pero tenerlos de imitación de barro es peor aún.

El grupo se parecía ligeramente a los originales, en buena parte porque tocaban sus canciones, pero les faltaba mucha fuerza y, más importante, toda la magia y poder de atracción que ha tenido Bunbury en su mejor época, la de 'Avalancha', que es la que recrea la banda de tributo. El concierto fue de menos a más, arrancó con una inane 'Flor venenosa' y la siguiente versión de 'Iberia sumergida' casi mereció una llamada a la Guardia Civil (o la SGAE), pero al menos remontaron, que ya es algo, y ofrecieron más de dos horas de actuación ante un público agradecido y entregado a la (imitada) causa.