La Rioja

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Alejandro Cuairán coloca una anilla en el asta de una vaca. :: díaz uriel

Un maridaje de técnica, diversión y juego

  • El espectáculo de vaquillas se despide con una exhibición de anillas, la suelta de novillas saltarinas y encierros simulados para los niños

La sexta y última mañana de vaquillas en La Ribera reunió muchos de los ingredientes que han aderezado los distintos días de festejos populares.

Como entrante propuso una exhibición de anillas a cargo de los dos especialistas de esta suerte más en forma en la actualidad, Alejandro Cuairán y Mario González. El de Borja y el de Tarazona, respectivamente, demostraron por qué están considerados los mejores recortadores de anillas de la última década.

Los jóvenes dejaron patente su compenetración para que, una vez que el uno le ensartaba el aro en el asta a la vaca, el otro se ponía en el ángulo de visión del animal para retirar el peligro de su compañero. Ese gran trabajo en equipo hizo que el tendido disfrutara de una modalidad muy vistosa, pero también tremendamente exigente a nivel físico.

Al final, tanto Portera como Cenicienta acabaron con varios aretes metálicos y los chicos, dando la vuelta al ruedo. La plaza de toros de Logroño premió con aplausos el buen hacer y la técnica de estos chavales que les ha llevado a exhibir su arte en lugares como Francia y Portugal.

Tras el plato más profesional, hubo una suelta de vaquillas saltarinas de la ganadería de don José Arriaza, de Ablitas (Navarra).

Al callejón

Menos jóvenes que otras mañanas se atrevieron a saltar al ruedo, quizá porque estas novillas eran realmente inquietas. Una rebasó la barrera -pese a que la del coso logroñés se distingue por estar bastante alta- en varias oportunidades asustando a los que se encontraban en el callejón. La que le sucedió tampoco se estuvo quieta y logró colarse también alguna vez.

Así que no resultó extraño que se adueñaran de la situación en el albero y pocos consiguieran cuajar buenas carreras ante ellas. No obstante, siempre hay lugar para cierto postureo y un par de corredores, en un momento de tranquilidad de la vaca, se subió a la pirámide para sacarse un 'selfie'. De este modo, seguro que no se les olvida la última mañana de vaquillas mateas.

También posaron, pero en una gran foto de familia, los más pequeños de la casa. Los niños fueron los últimos protagonistas de la matinal, en la que gozaron con los encierros simulados. El ruedo se quedó pequeño para albergar a tanto chiquillo como quiso jugar con los carretones.

La sexta mañana dejó, por lo tanto, un regusto bastante entretenido y sin demasiados sobresaltos. De hecho, Cruz Roja informó de que únicamente había tenido que atender a un chico por una contusión de carácter leve.