La Rioja

No tan Héroes del Silencio

No tan Héroes del Silencio
/ Sonia Tercero
  • El tributo Iberia Sumergida ofrece más de dos horas de concierto en la plaza del Mercado ante un millar de espectadores

Dicen que nadie podría reconocer a ninguno de los cuatro miembros de Kiss sin su maquillaje ni sus trajes. Así, aparentar normalidad siendo una estrella del rock es más fácil porque nadie sabe quién eres en realidad y puedes bajar la basura en pijama o ir a comprar el pan en chanclas con la impunidad de la gente corriente. Nadie se imagina a Prince o Beyoncé sin maquillaje ni vestuario paseándose por los alrededores del escenario en el que tocarán en unos minutos en pantaloneta y playeras. Ni siquiera a Bunbury, tal vez la estrella más ‘glam’ de la música nacional actual, aunque haya perdido bastante crédito desde que se enrocó y no reconoció haber extraído frases de poetas como Pedro Casariego y Joseba Sarrionandia para componer la canción ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ del disco ‘Hellville deluxe’. Sin embargo, Javier de Pedro, el ‘alter ego’ de Bunbury en Iberia Sumergida, el grupo de tributo a Héroes del Silencio, se dejó ver en pantalón corto y zapatillas junto al escenario antes del concierto que ofreció su banda anoche en la plaza del Mercado. Evidente falta de glamur y decoro. Todos somos humanos.

Pasadas las 23.30 horas, Iberia Sumergida saltó al escenario introducida por una cinematográfica canción ‘new age’ y apostó por ‘Flor venenosa’ para iniciar el directo. Un inicio débil que empeoró con una floja interpretación de un cañón como es ‘Iberia sumergida’. En ese momento a uno le venía a la mente el título del libro de Manuel Vicent ‘No pongas tus sucias manos sobre Mozart’ (Miguel d’Ors tiene un verso parecido, «Quita tus sucias manos de mis sueños», en su libro ‘Curso superior de ignorancia’), pero hay que reconocer que la actuación fue de menos a más. Quizá fue que el público fue llenando la plaza después de asistir a los fuegos artificiales y caldeó el ambiente, quizá que el viaje del grupo había sido accidentado, haciendo parada en ‘boxes’ y luego atascado en las calles de Logroño a causa del desfile de carrozas o quizá, simplemente, que si Héroes del Silencio acabaron siendo mortales, como demostraron en sus posteriores trayectorias en solitario, su tributo son aún más terrenales.

Javier de Pedro es un tipo más bien bajito para ser Bunbury y, aunque con una melena de pelo rizado semejante, lucía una barba recortada con la que jamás se ha visto al artista. Tampoco parece muy propio de Bunbury pedir al público «¡Quiero ver esas palmas arriba!» como si fuera una orquesta. Al menos, la armónica dotó de algo más de realismo a la actuación. Y los solos de guitarra, aunque no llegaban al nivel de Juan Valdivia, eran bastante aceptables. Sin duda, lo mejor era la contundente batería. ‘Deshacer el mundo’ fue el tercer tema del repertorio y el que encarriló el concierto, ya hacia unos derroteros suficientes. 'Mar adentro’ fue el primer gran éxito de Héroes del Silencio que interpretó Iberia Sumergida, que basó su actuación en canciones de los discos ‘El espíritu del vino’ y ‘Avalancha’, los mejores de la banda zaragozana.

Canciones menos conocidas

Hay que reconocerles que tuvieron el buen gusto de, además de elegir temas obligados como ‘Maldito duende’ o ‘La chispa adecuada’, también interpretaron otras canciones igual de buenas, o mejores, como ‘Bendecida’ y ‘Héroe de leyenda’, mucho menos conocidas. El cantante imitaba algunos gestos célebres de Bunbury en directo que, veinte años después, resultan algo ridículos, y prácticamente nada provocativos como entonces, como sujetar el micrófono con la hebilla del cinturón, pero también hay que reconocerle que conseguía bien los célebres aullidos. Bunbury es, quizá, uno de los artistas nacionales más fáciles de imitar por su excesiva gesticulación, mezcla de Raphael y el Camilo Sesto de ‘Getsemaní’, pero no hay que llevarse a engaño. Héroes del Silencio ha sido una de los mejores grupos de rock de España y parte de Europa. Su época dorada tiene un nivel muy alto y el suficiente de Iberia Sumergida no debería ser suficiente. Si se hace un homenaje a un gigante hay que ser grande.

A pesar de todo, el grupo fue generoso y regaló más de dos horas de actuación, siguiendo las sensaciones del público y alargando el directo canción a canción: ‘Apuesta por el rock and rollo’, ‘Opio’, ‘Avalancha’, ‘Flor de loto’… Lo más singular fue ver cómo había gente absolutamente entregada, cantando las letras en la oreja de su pareja, contagiados por la magia e ímpetu del mejor Bunbury, aunque allí sólo estuviera un imitador. Y si la gente disfruta, se acepta. Pero la distancia entre un concierto de Héroes del Silencio y el de Iberia Sumergida es abismal.