La Rioja

Y LLEGARON LAS FIGURAS

López Simón sufrió una aparatosa cogida, pero no fue grave.
López Simón sufrió una aparatosa cogida, pero no fue grave. / J. MARÍN
  • Sin espadas de primera línea, la respuesta del público sería mínima en la plaza

El dicho taurino del siglo XIX 'Toro chico, billete grande' sigue vigente. Vaya que sí lo saben hasta los menos enterados, si bien los más listos, que abundan mucho en este tema de toros y toreros, saben perfectamente lo que pasa y hasta lo que va a pasar. Así, entre criterios diversos e intereses personales, sin considerar en absoluto al pagano que es quien mantiene la fiesta de los toros y a los toreros también, se están cargando la fiesta. El titular de la crónica de la segunda corrida era el mismo que el de hoy, pero tuve que cambiarlo porque se quedaba muy chico. Entonces tenía fundamento y hoy lo tiene mucho más, al fin y al cabo el domingo era la primera corrida con figuras. Luego han pasado más cosas, tres corridas más y, más de lo mismo, porque un toro, sinceramente, no puede salvar una corrida de seis toros. Es un fraude que debería tener un culpable, no judicial, pero sí condenado por el jurado popular, que en este caso son los aficionados, que poco a poco van abandonando las plazas, principalmente porque lo que se ofrece en los ruedos no se corresponde, ni de lejos, al precio de la entrada.

Se dice ahora aquello de 'se lo tendrán que mirar'. Los empresarios lo saben muy bien, pero dicen que no pueden hacer otra cosa. Si pones unos carteles sin figuras, la respuesta es simple, no van a la plaza. Si pones unos carteles como el que ha montado este año la empresa Chopera, no van en la cantidad esperada, luego los beneficios o son pequeños o se contabilizan pérdidas. Cierto que esta feria han fallado dos toreros importantes. Talavante en la tercera corrida y Roca Rey, un torero emergente que casi todos quieren ver y que alternaba con López Simón y la guinda del cartel que era Pablo Hermoso de Mendoza.

Los toros son caros, muy caros, demasiado caros considerando que los muy pudientes suman muchos menos que aquellos que les cuesta un sacrificio sacar el abono, me incluyo yo. Dicen los analistas políticos que algo tiene que cambiar en esta España nuestra y añaden 'para que todo siga igual'. Los empresarios en general buscan nuevas fórmulas para ver si arreglan el tinglado. La fórmula teórica es sencilla. Toros, toreros y precio de las entradas. Todos tienen que bajar sus pretensiones dinerarias. Calidad y precio, que lo segundo merezca la pena gastar si lo primero se ofrece, pero de verdad. Menos caso a las llamadas figuras que imponen su ley. Si los empresarios en general expusieran realmente lo que exigen los que están arriba, en dinero y en materia (toros), que es lo más fundamental de la fiesta, la cosa cambiaría y el que mantiene la fiesta podría ponerse de la parte contratante. Y a ver qué pasa.

En la feria de San Mateo del 2016 se han cortado un total de 12 orejas en cinco corridas, que no parece, en relación con pasadas ediciones, estar nada mal. La que abrió feria, la corrida de Victorino Martín, la de mejor juego del ciclo con diferencia, fue, también con diferencia, la que menos público llevó al coso de La Ribera, poco más que un tercio. Me dio rabia ver los pocos aficionados ante un cartel, más para aficionados que para espectadores, con tres toreros de segunda fila, pero importantes como Curro Díaz, con su estilo de artista fino que abrió el camino orejil, una al primer toro de la tarde y de la feria. El Cid, además de ser y haber sido muy importante, le cortó las dos orejas a su primer toro y salió a hombros. Paco Ureña no estuvo, con lo bien que torea; estaba pero no estaba.

La segunda corrida, la de Vellosino, que dicen se la trajo Morante de la Puebla bajo el brazo, fue un fracaso. Con su 'pecado' se llevó la penitencia. Fracaso total, despedido con almohadillazos. 'El Juli' estuvo sobrado, hasta con imaginación al 'inventarse' un toro con embestida. Diego ni por asomo fue el Diego de otras tardes. Sí cortó una orejita, demasiado hizo para lo que tuvo enfrente. A la tercera dicen que va la vencida. Seis toros de 'El Pilar' sin fuerzas, poca casta, con los que Ponce bordó el toreo. Su sabiduría, su saber cuidarlos. Sinceramente creo que con sus dos toros no se puede estar mejor que lo estuvo el valenciano. Emoción no daba el torete, pero saber y arte sobró. Un aficionado me espetó en la última de la feria como 'poncista', que yo recuerde jamás he cruzado una palabra con el torero más sabio de muchos años de historia del toreo. Cortó una oreja a cada torete y mereció una más bajo mi criterio. Perera, el poderoso, no tuvo 'enemigos', pero estuvo valiente de verdad, y 'El Cid' sustituto de Talavante, bien sin llegar como su primera tarde.

La cuarta. Cuatro toros de Jandilla y dos de 'Los Espartales' para Hermoso de Mendoza, que estuvo fallón con el rejón de muerte y dando la sensación de estar descolocado con los dos jóvenes toreros. López Simón, valor y entrega, sufrió una aparatosa cogida en el primero de su lote, que nos impresionó al verlo en el suelo inerte. Salió para matar al toro mermadas sus facultades físicas de manera notoria. Detalle de torero con casta. La faena la comenzó de rodillas y cuando salió de la enfermería se volvió a poner de rodillas. A su segundo le cortó una merecida oreja. José Garrido sustituyó a Roca Rey. Yo no eché en falta al titular, porque Garrido, con un toro violento y repetidor, le echó lo que hay que echarle, le cortó una oreja a cada uno de su lote y, sinceramente, por esa entrega creo que mereció más premio.

La esperada, por los aficionados, quinta corrida, que cerró la feria con la ganadería triunfadora en los pasados sanmateos fue de tremenda decepción. Dos toros a corrales por estar medio inválidos y otro par que podía haber llevado el mismo camino. Los pocos que metieron la cabeza duraron un suspiro, la suerte de varas fue un simulacro, puro y blando. Se salvó 'por la campana', como en el boxeo, el que abrió plaza, que tuvo unas cuantas embestidas francas y con recorrido y el sexto, que sí fue un toro que tuvo alegría en la muleta, recorrido y ganas de embestir. El final fue menos duro al cortar una oreja Sebastián Castella. Lo había brindado al público.

El público estuvo superior. Las fuertes protestas fueron merecidas. No se puede aguantar el fracaso de los toros tres tardes de cinco. La presidencia, en el palco. Dos presidentes, uno más exigente que el otro, hicieron honradamente lo que creían su deber. Para mí un fallo para cada uno. Oreja de más uno y oreja de menos el otro.