La Rioja

Fuente Ymbro arruina el mano a mano

  • Castella, única oreja de la tarde

  • Diego Urdiales logró los mejores muletazos en el primero y no tuvo opciones de redondear la feria

Los toros del maíz volvieron a hacer de las suyas esta temporada y arruinaron por completo el mano a mano del final de la Feria de San Mateoentre el riojano Urdiales y el galo Castella, que logró la única oreja del festejo ante el sexto, el único toro potable de la corrida tras una faena clásica del francés rematada con una estocada traserísima. La corrida fue mediocre en todo, anovillada, de poca cara (excepto el tercero, que fue el de menos peso) y mansa y débil en todos los sentidos.

Excepto el mentado sexto de la tarde, a los toros de Fuente Ymbro les faltó de todo, básicamente la raza necesaria para sostenerse en pie cuando los matadores les bajaban un poquito la mano para galvanizar sus muletazos con una leve hondura; se expresa leve porque no resistían la menor de las apreturas, cuando se quedaban en el sitio para obligarles a repetir, los animales acababan desinflados hasta vaciarse segundos después.

Hubo de devolver hasta dos cornúpetas, el segundo del lote de Castella, que no se tenía en pie, y el último de Urdiales, que fue reemplazado por un toro cabezón y viejo de la acreditadísima ganadería de Juan Manuel Criado. Castella se las vio con un sobrero feísimo del hierro titular y el riojano se la jugó con el cabezón castaño, un animal venido a menos que se movía con el mismo estilo que los cabestros que minutos antes se habían llevado a los corrales a los toros inválidos.

La verdad es que sorprendió poco el juego de los toros del maíz de Ricardo Gallardo porque siguieron el camino marcado por la práctica totalidad de las corridas lidiadas esta temporada: Sevilla, Madrid, Pamplona, San Sebastián, Mont de Marsan y Dax, cosos en los que dieron tardes para el olvido, aunque saliera algún toro suelto como sucedió ayer con el sexto de Castella.

Los mejores muletazos de la función los dibujó Diego Urdiales con 'Libélula', el primer toro de la corrida, un animal especialmente estrecho de sienes que tuvo nobleza pero muy poca fuerza. El torero de Arnedo dibujó muletazos al ralentí con ambas manos, especialmente en redondo, y pudo haber cortado una oreja si la gran estocada que recetó no hubiera estado precedida de un pinchazo. El toro se tambaleaba de los cuartos traseros y el riojano quiso asegurar la espada llevándose a los medios al toro para materializar el espadazo.

A partir de ese momento la corrida entró en barrena porque el francés no se entendió ni con el manejable segundo ni con el feísímo sobrero que hizo cuarto. La gente asistía a los muletazos del torero de Bèziers con desencanto.

Diego brindó la muerte del bien armado tercero a Francis Paniego, cocinero del Echaurren, sonó la música, lo hizo todo a favor del toro llevándolo suave y a media altura, pero el animal acabó por apagarse muy pronto y fue muy desagradecido con el trato que le había dispensado el diestro de Arnedo.

Salió el sobrero mular de Criado y la tarde ya pesaba mucho en La Ribera. El toro apretó hacia los medios en el caballo y se movía sin interés por el ruedo. El diestro riojano le dio sitio, le ganó terreno y logró muy buenas series a pesar de que el animal llevaba la cara por las nubes y pasaba sin el más mínimo interés por el camino que le dictaba la muleta. Le dio espacio al natural y alguno resultó mecido, pero el público de La Ribera no fue capaz de aquilatar las condiciones del toro para medir la faena. La media estocada en lo alto fue suficiente para que el toro acabara por fin rendido a los pies de un torero que había dado una gran tarde, una tarde de gran compostura a pesar de que para muchos pasara desapercibida.

La única oreja de la corrida llegó en 'Valdivia', en único toro potable de la tarde y el último de la feria. Castella logró series con ambas manos en una faena marcada por la embestida de un animal aprovechada por el oficio de un torero que se mostró a medio gas con él porque era de cante grande, de faena de poder. Le dieron una oreja de público tras una estocada traserísima.