La Rioja

Más zombies en Logroño

  • Rural Zombies, el grupo revelación del ‘inde’ nacional, regresa para ofrecer el que puede ser el mejor concierto de San Mateo

Una vez más, es una pena, pero que probablemente sea el mejor concierto de San Mateo de Logroño ha pasado casi desapercibido. Sucedió el año pasado con el directo de Porco Bravo en la plaza San Agustín y, si nadie lo remedia –y las expectativas no son demasiado halagüeñas–, también sucedió ayer en el Espacio Peñas 2.0. Convertido ya en la revelación del programa mateo, este recinto está logrando ofrecer una alternativa musical prometedora, quizá muy basada esta vez en los grupos de tributo, pero con algunas perlas como Rural Zombies y deferencia hacia los grupos locales adultos. Y es que en San Mateo, o eras una banda joven para poder actuar en el Parrilla Rock, o apenas podías tocar en fiestas hasta este año.

El Espacio Peñas 2.0 ofreció anoche el concierto de Rural Zombies, un grupo que hace menos de un mes ya actuó en el festival Muwi de Logroño y que ofreció un directo similar. No obstante, la banda sólo tiene un disco editado, ‘Bat’, con diez canciones, así que sus conciertos apenas se pueden alargar una hora gracias a alguna versión. La de ayer fue la habitual, ‘In for the kill’ de La Roux. El concierto de ayer comenzó con un cuarto de hora de retraso y duró exactamente una hora, así que antes, durante y después se escuchó en la vecina Caseta de Andalucía a la Orquesta Salero, con la que compitieron para enterrar el sonido rival.

Realmente el de anoche fue el tercer concierto de Rural Zombies en La Rioja en apenas tres meses porque también actuaron en el Fardelej de Arnedo, algo que debemos considerar un lujo porque el grupo guipuzcoano viene de tocar en el 51º Heineken Jazzaldia de San Sebastián, el BBK Live de Bilbao y el FIB. Los músicos de Rural Zombies son muy jóvenes, veinteañeros que aún estudian o trabajan y ensayan en un antiguo gallinero de Zestoa pero que también demuestran una notable solvencia sobre el escenario. Su rock electrónico les asemeja a la etapa ‘techno’ de Dover o a un trasunto más vertiginoso y con sintetizadores de Russian Red, aunque también se les ha comparado con NajwaJean y The Cranberries. Su música invita a bailar, fabrica una pista de baile en la que, eso sí, ayer apenas nadie bailó. No habría ni medio millar de espectadores en el Espacio Peñas 2.0 y quien no asistió, se lo perdió. No había nada mejor que hacer a esa hora en el programa de San Mateo.

Atmósfera propia

Aparecieron envueltos en una nube de humo y avisaron: «¡Logroño, queremos que os mováis con nosotros!». Pero sólo bailaron enérgicamente dos niñas en la primera fila, con las que el grupo bromeó sobre contratarlas para toda la gira. Llama la atención la aparente sencillez de la propuesta de Rural Zombies pero es una banda que logra crear una atmósfera propia rápidamente. A la formación clásica de dos guitarras, bajo y batería se une Julia Urreaga como cantante y teclista, además de controlar los sintetizadores. Y llama la atención, además, cómo en su música casi es tan importante el bajo y la batería como corazones de la base rítmica que las guitarras, aunque hay algunos sobresalientes punteos.

La mayoría del repertorio está compuesto en inglés, aunque ofrecieron una canción en euskera y, ciertamente, fue la peor del concierto. Sin embargo, temas como ‘Stones’, ‘Golden’, ‘The game’ y la inicial ‘Nitro’ son auténtica pirotecnia, una explosión de sentimientos con una potente carga emocional, verdaderos aciertos de Rural Zombies, joyas musicales. Los sintetizadores juegan buena parte del directo, pero están bien integrados en las canciones, no sobran. Julia, cuya sencillez sobre el escenario a la vez conquista y aturde, podría haber pasado perfectamente desapercibida como una espectadora más de su propio concierto en Logroño. Mediado el mismo se soltó el moño que lucía y exhibió melena tapándose el rostro con ella al estilo ‘grounge’.

Al final, el cantaron el cumpleaños feliz al batería Aratz Etxeberria y, por fin, se encendieron las seis bombillas que habían dispuesto sobre el escenario y que habían permanecido apagadas durante el directo. Fue breve pero intenso. Mereció la pena. Fue uno de esos conciertos que deberían haber estado en el escenario de la plaza del Ayuntamiento, pero a buen seguro el público no hubiera sabido apreciar como merece.