La Rioja

La fiesta pagana de la música en Logroño

Txus di Fellatio, batería y líder de Mägo de Oz, dejó las baquetas y cantó una canción durante el concierto de Logroño. :: MIGUEL HERREROS
Txus di Fellatio, batería y líder de Mägo de Oz, dejó las baquetas y cantó una canción durante el concierto de Logroño. :: MIGUEL HERREROS
  • Rockabilly, humor, clásicos del rock y el folk metal de Mägo de Oz protagonizaron la jornada dominical

LOGROÑO. The Funestos cumplieron con lo prometido y el domingo llegaron al Espacio Peñas 2.0 montados en un precioso Cadillac Plymouth Belvedere que permaneció todo el concierto a los pies del escenario como una pieza de museo. El trío logroñés de rockabilly inauguró el 'Café Cantante' con una actuación a primera hora de la tarde dominical y que arrancó con apenas un centenar de espectadores pero fue ganando más público poco a poco. El espacio, a la luz del día, es cómodo y agradable, dispone de mesas y hasta espacio 'chill out' para tomar café, copa y puro tranquilamente, aunque la mayoría de los presentes beben cerveza y pacharán.

Sin problemas para aparcar, The Funestos fueron puntuales y tocaron versiones y canciones propias, algunas de ellas ya conocidas por otro de los grupos (Último Tren) de su cantante, Pelayo Lavieja. Fieles devotos de Elvis Presley, Carl Perkins y Chuck Berry, en este concierto apostaron más por canciones originales, con lo que bromeó Pelayo: «Lo siento, no somos una banda tributo. Casi todas las canciones son compuestas por nosotros. Pedimos perdón. Lo siento». Y está bien la broma, ironizando sobre la valía de la música original y los grupos de verdad. Lo suyo, dijeron, es «música 'country' en castellano», y ofrecieron una alternativa a la tarde taurina y 'pelotazale' en la que sólo desentonó un fulano paseándose por el recinto grabando lo que acontecía con una cámara 'go pro'. Eso fue de muy poco código 'rocker'. Porque allí estaban los moteros Templarios con sus botas, sus chupas de cuero y sus tupés, ejerciendo de rockabillys, aunque sin sus monturas.

Otras ofertas musicales del día fueron los recitales de la Unión Musical Santa Cecilia y de un coro rociero, jotas, DJs y la actuación de Los Pecos Riojanos en la sede de la peña La Uva, dúo con guitarra que pretende ser humorístico y que trató de amenizar la entrada de los espectadores a la plaza de toros La Ribera. La Orquesta Salero ofreció dos sesiones en la Caseta de Andalucía, igual que el grupo El Pacto en el vecino Espacio 2.0. Y aunque en principio había más gente en la embajada andaluza en Logroño, por fortuna, cuando allí había empezado a sonar 'La mordidita' arrancó el concierto de El Pacto con un mensaje claro de su cantante: «¡Un poco de caña para despertar de una vez!».

La banda, una especie de orquesta centrada en las canciones clásicas del rock de los 70, 80 y 90, se atrevió con temas como el 'Long train running' de The Doobie Brothers que popularizó en España, castellanizado, La Unión. El repertorio fue absolutamente dispar, ofreciendo también 'Corazón de tango' de Doctor Deseo y hasta el clásico 'Maggie May' de Rod Stewart, mezclando la letra original con la versión, también castellanizada, de M-Clan. Así que esta canción fue una versión de la versión, rizando el rizo de los grupos tributo. No tardará mucho en aparecer el tributo de un grupo tributo y hasta obtendrá más repercusión que la banda original. Eso sí, a pesar de tener la sección de viento grabada y sonar mal por los acoples de la guitarra acústica, El Pacto contó con una docena de entregados bailones en primera fila.

El colofón a la jornada lo puso Mägo de Oz en la plaza del Ayuntamiento con un lleno hasta la bandera como sólo se recuerda el año pasado para ver... a Mario Vaquerizo con las Nancys Rubias. Su heavy, realmente folk metal, es para adolescentes, casi infantil, por sus letras ultrapositivas rozando lo 'naif'. Pero hicieron disfrutar al público, que es lo que se espera.

Las primeras filas las ocuparon jóvenes entregados que celebraron botando con los brazos en alto canciones como 'La danza del fuego', 'Cadaveria', 'La posada de los muertos' y baladas que sonaron tan cursis pero verdaderas, como 'Desde mi cielo'. La charanga Strapalucio atendió al concierto desde un lateral, quizá admirando cómo Mägo de Oz integra la flauta travesera, el violín y hasta la gaita eléctrica en su música. Los nueve integrantes favorecen una potencia abrumadora al directo, aunque ésta se disuelva en unas letras de 'poesía' fácil. El éxtasis, bajo una lluvia de confeti, llegó con la última canción, 'Fiesta pagana'.