La Rioja

El 'speed', no apto para los más sensibles. :: justo rodríguez
El 'speed', no apto para los más sensibles. :: justo rodríguez

Un viaje a través de los sentidos... y hasta en el tiempo

  • El recinto ferial, con las atracciones y la carpa del Gran Circo Mundial, uno de los pilares de las fiestas mateas

Cuando uno se aproxima al recinto ferial por la prolongación del Paseo de Las Norias, lo primero que percibe es un olor especial. Una mezcla extraña, agradable para unos, intensa para otros, prescindible para los menos. Pero para todos ese es uno aroma de infancia, uno de los olores de San Mateo que viene a combinar el dulce de los churros, del chocolate y del azúcar con el salado de las patatas fritas y con el de cuero curtido, especias, inciensos y colonias que surge de los puestos que nos conducen hasta la feria. El estallido sensorial se va completando paso a paso: el sonido ambiente va ganando en decibelios y las luces que proyectan las 80 instalaciones (entre casetas y aparatos) tiñen de colores imposibles el rostro del recién llegado.

A partir de ese momento se entra en una especie de realidad paralela en la que se completará una particular batalla entre padres e hijos. Los segundos responderán a todos los estímulos (prácticamente infinitos) con una frase que empieza siempre con el mismo verbo: «Quiero...». Los primeros tratarán de acompasar esa horda de peticiones con la siempre más discreta capacidad de su cartera.

El recinto ferial estrenó su actividad en la tarde del día del cohete. Desde las 17 horas y hasta que el cuerpo aguante (o la gente se vaya) las barracas seguirán siendo una de las patas de la fiesta, como gráficamente describe el presidente de la asociación de industriales feriantes de La Rioja, Pedro José Arnedo, «No podemos imaginarnos unos San Mateos sin ferial. El público lo echaría en falta y, sobre todo, los niños, que son nuestros mejores clientes», explica. A entre 2,5 y 3 euros el 'viaje', uno puede optar desde los clásicos autos de choque, pasando por las camas elásticas, el tren de la bruja, el más vertiginoso 'Speed', simuladores tridimensionales, o históricos rebautizados como el 'saltamontes' y el 'canguro'. Eso sí. Aún no están todos. Los huecos, el día del estreno de la feria, fueron, quizá, lo más destacable.

Si las emociones fuertes no son lo suyo, siempre puede optar por las casetas. Puede intentar demostrar ante sus hijos que el fútbol es su don (y fallar estrepitosamente en el tiro a los bolos hasta el punto de hacer sonrojar a sus pupilos) o venirse arriba y dejarse medio jornal lanzando dardos para intentar conseguir esa serpiente de dos metros sin la que nadie deberíamos vivir.

Esa, la serpiente grande, es uno de los 'hits' de estos sanmateos. Hay más. Están llamados a triunfar, además de esperpénticos sombreros, unos monos que se agarran al cuello, las caritas sonrientes del whatsapp reconvertidas en cojines de todos los llamados, unas zapatillas con irritantes luces en las suelas y, en todos los tamaños posibles de Chase, Marshall, Rocky, Zuma, Rubble, Skye, y Everest, esto es, la patrulla canina. También hay otras joyas imprescindibles como las 'muñecas españolas', los pitufos, los peces o unas inquietantes réplicas del kaláshnikov, el fusil de asalto soviético.

«¿Cómo están ustedes?»

Pero el Paseo de las Norias no sólo le llevará hasta la feria. Si al llegar al final en lugar de mirar a la derecha vuelve la vista a la izquierda descubrirá la casa de la ilusión: la carpa del Gran Circo Mundial en la que, durante dos horas, todo es posible. Incluso un viaje en el tiempo hasta su más tierna infancia.

Hasta el próximo día 25 estarán en Logroño en doble sesión (18 y 20.15 horas) con un gran protagonista: Fofito. «¿Cómo están ustedes?». La frase mítica de los payasos de la tele se volverá a escuchar en Logroño en un espectáculo que Javier Almeda, uno de los portavoces del circo, explica que acaba haciendo vibrar a varias generaciones con las mismas canciones y los mismos recuerdos. «Es un espectáculo muy nuevo, muy familiar y, al incorporar a Fofito hemos descubierto el factor generacional de todos los que hemos crecido con él», revela. «Cuando entra y dice 'Cómo están ustedes' se te pone la piel de gallina». Junto a Fofito, cabeza de cartel indiscutible, está su hija, Mónica Aragón, y con ellos un elenco de artistas -un centenar de personas trabaja de manera directa bajo la carpa para que todo vaya bien- que, reflexiona Almeda, sitúan al circo en igualdad de condiciones a otras muchas artes: «Están los dálmatas, los diábolos, los elefantes, el láser, que es espectacular». Todo para dos horas «de un espectáculo en vivo con los mejores artistas internacionales».

Y si después de las barracas y del circo tiene hambre, la feria es un pequeño minirestaurante: hamburguesas, parrillada, patatas asadas, mazorcas de maíz asadas e incluso kebabs.

Todo, eso sí, si la cartera ha ganado a sus cachorros... Que no es tarea sencilla.