El quiosco de La Rosaleda seguirá cerrado

El quiosco del Espolón permanece cerrado desde el pasado mes de octubre. :: miguel herreros

La previsión era abrir la cafetería este verano, pero, finalmente, se va a retrasar la licitación de la actividad sin fecha a la vista | El Ayuntamiento baraja realizar obras en la instalación del Espolón para «ampliar el atractivo del negocio»

ÁFRICA AZCONA LOGROÑO.

El Ayuntamiento de Logroño ha aparcado 'sine die' la licitación de la actividad del quiosco-bar La Rosaleda del Espolón, cerrado desde el pasado mes de octubre. La previsión era comenzar este verano y para ello se mejoró el borrador del pliego para hacerlo más atractivo y afrontar la prestación del servicio de cafetería en condiciones más ventajosas que en anteriores procesos que terminaron sin adjudicatarios.

El nuevo contrato preveía abrir sólo de junio a septiembre, sin embargo el equipo de Gobierno fue demorando los plazos hasta decidir aparcar finalmente el proyecto de explotación y no sacar la concesión, al menos hasta no tener un estudio claro sobre las posibilidades de esta popular instalación del Espolón que hagan rentable la inversión. Según la explicación facilitada ayer por el concejal de Desarrollo Urbano Sostenible, los técnicos están valorando la manera de incrementar el atractivo del quiosco y la forma de prestar el servicio, para lo que no se descarta iniciar obras de acondicionamiento «que asumirá el Ayuntamiento o bien el propio concesionario».

En cualquier caso, esta no es una cuestión que se vaya a acometer en breve; de hecho, según el edil, «es un asunto que no tiene urgencia y que se abordará sin prisa, después de un periodo de reflexión», aunque lo que ya se baraja es la opción de realizar reformas y mejoras en la estructura del local para hacerlo más atractivo como negocio.

La Federación de Hostelería considera que es un local pequeño para prestar servicio

Para la Federación de Hostelería de La Rioja, la explotación de este negocio tiene un gran problema de partida y es que no tiene espacio para cumplir con un buen servicio de hostelería. «No hay sitio para almacén, ni para la cocina, en todo caso sería una minicocina. Y, si llueve, ¿dónde te metes?», reflexiona el portavoz de los hosteleros, Francisco Martínez-Bergés, para quien lo que era impensable era tenerlo abierto todo el año, «porque dentro sólo caben dos mesas».

Con estas limitaciones y pese a su situación privilegiada en el mismo centro de la ciudad, asegura que es difícil competir y, además, hacerlo en igualdad de condiciones con las nuevas apuestas hosteleras que se han abierto alrededor «y que en su caso se pueden defender bien».

A ello une las dificultades que arrastra el sector «cada vez con más gastos e impuestos», por lo que no es extraño, dice, que falten adjudicatarios que exploten el quiosco. «Además, si te pones a cumplir todo lo que suelen pedir los pliegos, al final no resulta rentable, y eso suele ocurrir porque quienes los redactan no conocen cómo funciona nuestro negocio», señala Martínez-Bergés, quien dejar caer que, en caso del local del Espolón, «igual lo mejor serías dedicarlo a la venta de periódicos y chucherías».

Ese fue precisamente el origen de La Rosaleda, cuando era un pequeño negocio regentado por las hermanas Jesusa y Elena Fernández. Entonces el quiosco era más recogido que el actual y se situaba a escasos metros del actual, cuya concesión pasó en 1989 a manos de Alberto Romo. En 1998 se realizó una completa renovación, paralela a la del resto del Espolón. Luego, con posterioridad fue su hija quien asumió el negocio, pero lo tuvo que dejar en octubre pasado «víctima de la avalancha de gastos», como se despedía en su cuenta de Facebook. Desde entonces, parte del mobiliario se apila en el interior de la caseta acristalada y el toldo aparece desplegado donde antes se colocaba la terraza.

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