Las principales calles de Logroño han perdido el 13,67% de su población en la última década

Las principales calles de Logroño han perdido el 13,67% de su población en la última década

Solo 10 de las 46 vías de más de mil habitantes, todas en zonas de expansión del Sur y del Oeste, han ganado vecinos

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

Logroño. Logroño, 151.572 habitantes con cerca de medio centenar de calles en las que viven más de mil vecinos y donde habita casi la mitad de la población. Si la tendencia de los últimos años barrio por barrio refleja que el centro de la capital de La Rioja pierde residentes en favor del Sur, la que resulta calle por calle es similar. Las principales vías de Logroño han perdido el 13,67% de su padrón en la última década... a excepción de las ubicadas en las zonas de expansión del Sur y el Oeste. Resumiendo: solo 10 de las 46 calles de la capital riojana con más de un millar de vecinos (6 de ellas los tenían en el 2008 y han caído por debajo de esa barrera frente a las tres que no los alcanzaban entonces y los han sobrepasado en el 2018), han ganado habitantes, hasta el 29,22%.

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Las estadísticas, elaboradas por el PSOE de Logroño a partir de los datos oficiales del padrón del Ayuntamiento, no dejan lugar a dudas. Calles como Gran Vía y Vara de Rey han perdido el 16,16% y el 14,96% de sus habitantes entre enero del 2008 y enero del 2018. A partir de ahí, solo hay que pensar en cualquiera de las vías más conocidas y pobladas de la ciudad consolidada, de Murrieta a Jorge Vigón pasando por avenida de la Paz, Gonzalo de Berceo, Duques de Nájera, Chile, Huesca o Pérez Galdós, para apreciar descensos de dos dígitos -ver gráfico anexo-. De hecho, Duques de Nájera y Huesca, las calles más habitadas de Logroño, han caído de los 4.000 a los 3.000 vecinos en el citado período. Las calles que ganan, todas en zonas nuevas, van desde Fuenmayor, con una subida del 145,01%, y Manuel de Falla, con una subida del 50,35%, a Portillejo, con el 2,72% más, y General Urrutia, con un aumento del 5,28%.

La situación es la que es y ya el PSOE pidió hace algunas semanas la creación de un Observatorio de los Barrios de la Ciudad, donde se evalúe la situación social y urbanística de cada zona afectada y proponga medidas para impedir que el Centro y los barrios que dan al Ebro continúen perdiendo población. «Necesitamos conocer qué está pasando de un modo científico para poder actuar de modo ordenado, con criterio; aquí ya no valen parches ni improvisación», sostiene la portavoz socialista Beatriz Arraiz. Solo así se podrá planificar el Logroño del mañana, con su población -y movimientos- en el centro de la toma de decisiones.

«Necesitamos conocer qué está pasando para poder actuar con criterio» Beatriz Arraiz PSOE de Logroño

«Para los menores de 35 años, el centro es zona a donde ir y la periferia donde vivir» Enrique Ramalle Área Ciencias Sociales del IER

«Los referentes simbólicos a los que se aferran nuestras creencias cambian entre generaciones. Aquellas calles que para los habitantes del Logroño del siglo XIX sustituyeron en importancia a las de un siglo anterior, también perdieron interés en el siglo XX. De la calle Mayor a la calle Portales y de ahí al Espolón, con sus chalecitos en Vara de Rey, o a la Gran Vía. De igual forma, hoy, las viviendas del centro de la ciudad pierden atractivo para los jóvenes y esa tendencia no será de corto alcance», expone Enrique Ramalle, director del área de Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Riojanos (IER).

A su juicio, hay al menos dos factores que han influido en la pérdida de habitantes de la zona centro y de los barrios tradicionales en Logroño en beneficio de la zona sur y oeste de la ciudad. Primero, muchos de los nuevos compradores o arrendatarios son los llamados 'millennials', los nacidos entre 1980 y hasta la mitad de los 90. «Han modificado gran parte de los valores o creencias de generaciones anteriores. Su vida se orienta sobre todo al ocio y no tanto al ahorro. Prefieren gastar a invertir. Es por ello que tienen difícil acceso a un tipo de vivienda en el centro que exige, en muchos casos, una reforma para la que no tienen dinero o que, si ya está, no lo está a su gusto», explica.

Segundo, la movilidad laboral de este sector hace que no quieran aferrarse a una vivienda, sino vivir en alquiler, en consonancia con las prácticas de los jóvenes europeos. Pero en el centro es difícil alquilar. «La llegada de las plataformas de alquiler por días también influyen en la salida del centro a la periferia. Los alquileres turísticos se ofrecen, sobre todo, en zonas céntricas, próximas a los lugares más visitados de Logroño. Como consecuencia, existe poca oferta en esas zonas de alquileres de larga estancia, que sí se encuentran en otras más alejadas. Las viviendas que se encuentran en el Sur y el Oeste proporcionan un nicho en el que encontrar hogares que se adaptan a estas necesidades. El alquiler de viviendas en los barrios tradicionales, pero alejados del centro histórico, es atractivo sólo para las clases más desfavorecidas económicamente», sentencia.

Ramalle parece tener claro el diagnóstico: la pérdida de habitantes de los barrios tradicionales y la zona centro de Logroño es un proceso de «difícil reversión». «Es cierto que los procesos de desplazamiento urbano centro-periferia son cíclicos y dependen del poder adquisitivo de las nuevas generaciones. La llamada gentrificación o elitización ha hecho que, en ciudades grandes, vivir en el centro se haya vuelto a poner 'de moda' entre jóvenes profesionales con poder adquisitivo alto, pero este no parece ser el caso de Logroño».

La tendencia, asociada a nuevos referentes simbólicos del tipo de vida que desean las generaciones jóvenes -más facilidades y comodidades en el extrarradio, amén de mayores servicios-, acaba por configurar lo que se ha denominado efecto 'donut' con un centro vacío y una periferia engrosada. Y es que, para los menores de 35 años según el experto, «el centro es una zona a donde ir y la periferia una zona donde vivir».

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