«Muchos piensan que el sistema educativo es un mecanismo de nacionalización de conciencias»

Tourón, minutos antes de esta entrevista, en la UNIR. ::/ SONIA TERCERO
Tourón, minutos antes de esta entrevista, en la UNIR. :: / SONIA TERCERO
Javier Tourón | Vicerrector UNIR y experto en altas capacidades

«La gente hace una ecuación que es injusta: decir que los niños de alta capacidad son un problema, cuando el problema es no atenderlos», apunta

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

Javier Tourón destila entusiasmo. Un entusiasmo altamente contagioso, que se asienta en una lógica aplastante capaz de dejar sin argumentos a cualquier adversario. Con 25 años de experiencia en el campo de la investigación y diagnóstico en educación, es considerado uno de los mayores expertos del mundo en el ámbito de los alumnos de alta capacidad. Defiende un sistema que promueva la diferenciación de los estudiantes: «Donde sí tiene que haber igualdad es en el acceso», sostiene. El resto es una carrera de fondo en la que «lo mismo que hay carriles para vehículos lentos tiene que haber para los más rápidos». «¿Se imagina si elimináramos todas las acciones educativas que hay para alumnos con dificultades y los ignoráramos? Habría un cataclismo social».

- ¿Qué es un alumno de altas capacidades?

- Es una persona que tiene unas condiciones intelectuales o físicas de creatividad y liderazgo en cualquier ámbito que se considere relevante que están por encima claramente del grupo de referencia con el que sea comparable. Eso indica que son personas que tienen una mayor probabilidad que otras que hayan tenido las mismas oportunidades para alcanzar rendimientos escolares que sean sobresalientes. Una cuestión que los distingue es la precocidad. Sus preocupaciones, sus intereses, la profundidad de sus preguntas y los temas que estudian, generalmente, están por encima y más allá de lo que son las preocupaciones de los niños y jóvenes de su edad. Tienen gran capacidad de concentración, un afán desmedido por aprender y esto hace que el tratamiento educativo no pueda ser uniforme, como el de otros niños que no tienen estas características.

«Si no nos damos cuenta de que la fuga de cerebros empieza en la escuela no pondremos remedio donde hay que ponerlo»

- ¿Y si no se atienden estas diferencias?

- Cualquier persona que está en un grupo en el que no se nota querido sufre. Los niños de alta capacidad a veces no se notan queridos por sus compañeros y otras veces no son queridos por sus profesores o son vistos como si fueran una amenaza para ellos. Otras veces son utilizados como ayudantes del profesor, pero tampoco es eso. La respuesta es que los alumnos de alta capacidad tienen un sufrimiento afectivo grande porque sienten que la escuela, con demasiada frecuencia, es un ámbito hostil y tendría que ser un ámbito amable, donde su potencia intelectual pudiese brillar, tener reconocimiento social, pudiese ser promovida de manera eficaz y no estuvieran permanentemente siendo hostigados. Muchas veces, los niños en general, y las niñas particularmente, para evitar el etiquetado social lo que hacen es ocultarse pero cuando una persona se oculta ocurre lo mismo que cuando un pianista deja de ensayar: que el talento no se mantiene. La escuela tiene que fomentar el respeto a la diversidad de las personas y los primeros que tienen que hacerlo son los profesores y aceptar que las personas somos distintas. A veces este sufrimiento se ve agravado por un problema que lamentablemente está siendo cada vez más frecuente que es el acoso, el bullying y el ciberbullying. Como son personas que tienen una sensibilidad muy especial para captar las emociones y las reacciones que suscitan en los demás, son mucho más fáciles de herir porque no tienen blindaje, sus sentimiento están a flor de piel y son muy profundos.

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- Usted calcula que en La Rioja puede haber entre 2.700 y 5.800 alumnos de altas capacidades y sólo hay 191 identificados. Entonces, algo falla estrepitosamente ¿no?

- Para estos alumnos el sistema está fracasando porque si no están identificados no están atendidos y, por tanto, si no están atendidos su desarrollo está en riesgo. Algunos, a lo mejor por circunstancias que se puedan dar en sus familias, por los recursos, puede ser que busquen otros medios para tratar de paliar el déficit de la escuela. Es algo que todos los directores y todos los profesores deberían plantearse de manera muy seria: ¿Qué estamos haciendo por los alumnos más capaces? Lo voy a plantear de otra manera, imagínese qué ocurriría si ahora decimos que no hay alumnos con dificultades de aprendizaje en La Rioja y, por tanto, todas las ayudas y todas las acciones educativas que se están llevando a cabo para paliar los déficit educativos que puedan tener estos alumnos se eliminan del sistema y los ignoramos, como si no existieran, ¿qué pasaría? Habría un cataclismo social porque todo el mundo se rebelaría ante una situación tan injusta. Los alumnos que tienen dificultades de aprendizaje son una población visible, pero los de alta capacidad son una población invisible y de hecho lo son muchas veces porque los profesores no han recibido información. No podemos imponer una velocidad constante para todos los alumnos. Lo mismo que hay carriles lentos para vehículos lentos, tiene que haber carriles para vehículos rápidos.

- Cambiar el sistema actual para prestar esa atención a los alumnos de altas capacidades requiere cierta revolución. ¿Están preparados los docentes?

- Hoy en día ser profesor es más difícil que nunca, porque deben saber mucho de todo, de sus materias, pero también de pedagogía y tecnología. Además, es tan satisfactorio y produce tanta alegría que cualquier profesor disfruta enseñando a los niños más capaces. Lo que tiene mérito es tratar de paliar las dificultades de los niños que tienen problemas. Enseñar a los niños de alta capacidad es muy fácil porque ellos son muy autoaprendices. A los profesores no sería difícil formarlos y tampoco precisamos grandes recursos porque ni siquiera necesitamos desarrollos de programas especiales. Hace falta hacer una revolución, sí, pero no en la escuela, sino en las cabezas de las personas. La escuela no puede hurtar la capacidad de aprender de los alumnos, tiene que potenciar esa habilidad que los alumnos tienen y que pierden por sentirse en un ambiente que les resulta hostil. La gente hace una ecuación que es totalmente injusta, decir que estos niños de alta capacidad son un problema, cuando lo que es un problema es no atenderlos.

- Apuesta por promover la diferenciación, algo que puede parecer reaccionario teniendo en cuenta que lo que se intenta promover es la igualdad...

- Sí, es el problema de la igualdad y la equidad. Aristóteles decía que es tan injusto tratar igualmente a los desiguales como tratar desigualmente a los iguales; por tanto, la igualdad es parte de la justicia, pero sólo para los que son iguales y la equidad significa dar a cada uno lo que necesita. La escuela no está para promover la igualdad, está para promover la equidad. Donde sí tiene que haber igualdad es en el acceso. La sociedad, las autoridades y la política educativa deben favorecer que cada alumno tenga las mismas posibilidades educativas, pero lo que no tiene que promover es que todos tengan los mismos resultados, sino que los que puedan llegar mucho más lejos lleguen. El talento empieza desarrollarse en la escuela y si no nos damos cuenta de que la fuga de cerebros empieza en la escuela no estamos poniendo el remedio. Una educación igualitaria lo único que hace es fomentar la mediocridad.

- Le veo muy entusiasta...

- Es que llevo 25 años estudiando el tema.

- ¿Se puede ser tan optimista teniendo en cuenta que en España, de momento, nunca se ha alcanzado un pacto educativo?

- Creo que los educadores estamos para ser optimistas. ¿Es difícil? Sí. Todo esto está muchas veces entreverado de problemas ideológicos, no educativos, y cuando mezclamos la ideología política con la educación, mal, porque muchas personas piensan que el sistema educativo es una especie de mecanismo de nacionalización de las conciencias y esto no es así. El sistema educativo tiene que ser un mecanismo que permita, en primer lugar, la felicidad. Luego las personas tienen que reconocer que muchas veces no actúan educativamente porque tienen prejuicios ideológicos, pero las personas que no reconocen sus propios prejuicios no están en condiciones de poder cambiar. Lo que hay que hacer es crear una conciencia que nos permita avanzar, pero de una manera rápida. Tenemos que ser capaces de hacer que la escuela sea la aventura diaria de cada niño. Es imprescindible, si no este país no progresará como debe. La política debe estar al margen de la educación. Sé que es un utopía pero es la única solución.

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