El caso de los perros envenenados

Fernando Ruiz pasea por el parque de la Concordia con su perro, Tato, junto a Estíbaliz Sánchez y Jorge Luis Rodríguez, estos con su mascota Sparky. :: D.M.A./
Fernando Ruiz pasea por el parque de la Concordia con su perro, Tato, junto a Estíbaliz Sánchez y Jorge Luis Rodríguez, estos con su mascota Sparky. :: D.M.A.

Dos logroñeses denuncian la muerte de sus mascotas, intoxicadas, al parecer, en el parque de la Concordia

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

En ocasiones circula el rumor y este se extiende de forma indiscriminada gracias o por culpa de las redes sociales. Pero también ocurre que el rumor se convierte en realidad. Eso pasó para desgracia de Estíbaliz y Fernando y sus perros, los dos, murieron, al parecer, envenenados hace un mes en el parque de la Concordia de Logroño.

En el caso de Estíbaliz Sánchez, el sábado 30 de septiembre sus perros Sparky y Aria (un perro lobo checoslovaco de 1 año), «vieron a los gatos, saltaron el muro, les llamé y, de inmediato, regresaron», recuerda la dueña. En principio, «no vi síntomas de ningún tipo, parecía que todo iba bien y los dejé en casa», explica Estíbaliz pero, después de dos horas, «encontré a Aria como disecada, con las patas estiradas y los ojos abiertos». El veterinario del animal, Joaquín Laliena, realizó un informe en el que expone que la muerte del animal se produjo «a consecuencia de lo que sospechamos fue la ingestión de veneno, tras descartar otras posibles patologías, que ingirió en su último paseo».

El informe veterinario especifica que en el lugar del paseo, el parque de la Concordia, «hay una colonia de gatos callejeros en la que diversos vecinos de la zona han informado de que se echa veneno a dichos animales como método para acabar con ellos», de modo que las palabras de Joaquín Laliena pueden servir para «informar a las autoridades competentes para que estén al corriente de esta situación».

«Es un problema porque este lugar lo frecuentan muchos jóvenes», opina Jorge Luis Rodríguez

«Muchos perros que mueren, se cree, por muerte natural, podrían ser víctimas de veneno», expone Fernando

Estíbaliz contó su caso en las redes sociales, sobre todo, para intentar evitar que volviera a suceder pero, además, advierte señalando a los dos centros educativos colindantes a la zona, el colegio Navarrete el Mudo y el IES Batalla de Clavijo, que «si a nosotros nos duele, imagínate si le pasa a un niño». Su publicación le propició contactar con otra mujer que había sufrido la muerte de su perro en la misma zona y en similares circunstancias un año atrás. «Ella me dijo que sabía quien fue pero que no lo puede demostrar: un señor que vive cerca, al que no le gustan los animales y que a veces echa el veneno», explica Estíbaliz.

Poco después, una tercera mujer con la que contactó la dueña de Aria parece que detectó el veneno y alertó a la Policía, «que se llevó la muestra, pero no sabemos nada de qué veneno fue, no nos han informado». Su pareja, Jorge Luis Rodríguez, expone que «es un problema porque este mismo lugar lo frecuentan muchos jóvenes que pasan el muro a mear y parece que el veneno actúa no sólo ingiriéndolo sino que basta el roce con el mismo, como le sucedió a Chéjov».

Chéjov era el perro mestizo de Fernando Ruiz, quien lo paseaba el miércoles 4 de octubre por el mismo parque de la Concordia cuando «se frotó con la hierba y, a la media hora, se estiró, empezó a temblar y entró en 'shock', con parada cardiorrespiratoria». Entonces lo llevó en brazos al hospital veterinario Albeitar, donde trataron de reanimarlo con masajes cardiacos y adrenalina, pero murió «sangrando por la boca». «La primera impresión del veterinario fue que podría haberse debido a una intoxicación, pero al considerar que no había ingerido nada pensamos que había sido una muerte natural», recuerda Fernando.

Al colgar la trágica noticia en las redes sociales, porque «estaba triste pero no enfadado», se percató del caso de Aria, sucedido apenas cuatro días antes y en la misma zona. Demasiada coincidencia. Comienza el enfado. Lo ideal sería obtener una necropsia para certificar la muerte por envenenamiento del animal, pero un informe de esas características resulta muy costoso y puede que no sea revelador. No obstante, Fernando quiso denunciar el caso. «En principio, el policía local que me atendió ni sabía si era un delito la muerte de un animal, tuvo que venir su subinspector a sacarle de su error», apunta Fernando.

Ya puestos en contacto, Jorge Luis Rodríguez y Fernando Ruiz denunciaron lo ocurrido ante la Policía Nacional, con poca esperanza pero sí la pretensión de que «el Ayuntamiento tome el asunto en serio, muchos perros que mueren en Logroño, se cree, por muerte natural, podrían ser víctimas de veneno».

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