Paquetes de mensajería con sorpresa

Los jóvenes repartidores con los paquetes del día, junto a la sede de Canalejas, 2, bajo. :: juan marÍN
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Los jóvenes repartidores con los paquetes del día, junto a la sede de Canalejas, 2, bajo. :: juan marÍN

Los jóvenes llegan a los destinos andando, pero el objetivo de la empresa Koiki es realizar los repartos también en bici y en coches eléctricos Diez jóvenes discapacitados participan en un proyecto pionero de inserción laboral

logroño. Tienen discapacidad intelectual (leve), pero están sobradamente capacitados para trabajar y ganarse la vida por sí mismos. Sólo necesitaban una oportunidad y la Asociación de Acción Social Inter Europa Rioja y la empresa de reparto Koiki se la han dado. Después de tres meses de formación práctica, desde el pasado mes de marzo se dedican a la entrega de los paquetes proporcionados por la empresa DHL, un trabajo que para ellos comienza cada mañana con una costumbre muy saludable: una reunión en grupo de los 10 participantes para establecer las rutas del día por las calles de Logroño, valorar las incidencias de la jornada anterior y, de paso, expresar cada uno cómo se siente.

Diario LA RIOJA ha acompañado a dos de ellos en sus rutas y ha comprobado la buena acogida de este proyecto, que pretende dar nuevas respuestas a tiempos nuevos. Son entregas especiales porque las hacen personas especiales. La primera reacción es de sorpresa, pero una sorpresa, en cualquier caso, positiva. Y es que, como señala la presidenta de Inter Europa, Alba Moreno, «todavía no estamos acostumbrados a una relación con ellos y menos a una relación laboral, pero funciona y nos tenemos que dar cuenta de que estamos en el siglo XXI».

Sergio es un joven, de 19 años, y responsable hasta el denuedo. Atento y cumplidor, como el resto se maneja estupendamente con la mensajería electrónica. Cuando llega a la tienda de moda Noemí Albisu, en Gran Vía, escanea con su móvil el código de barras pegado en el paquete e introduce los dígitos del DNI. Le hace la entrega en mano y la dueña le responde con un 'ok'. «No he notado ninguna diferencia. Bueno, lo único que le ha puesto toda la ilusión del mundo...», comenta la encargada. Sergio trabajaba hasta hace poco como auxiliar de cajas en un supermercado, «pero era agotador, me gusta salir a la calle». Desde que comenzó con Koiki, ha llamado a muchas puertas para hacer las entregas y ha recorrido muchos kilómetros por la ciudad, pero «está encantado». Aunque con la timidez propia de su edad, tiene las ideas muy claras y dice que su objetivo es «seguir aquí trabajando, lo que quiero es un trabajo...». Los diez están de prácticas y, tras ellas, cuatro se quedarán fijos. De momento, todos los jóvenes de Koiki llegan a sus destinos andando y tirando de un gran carro. Reparten 20 paquetes diarios y llevan más de 400. La idea en el futuro, siguiendo los criterios medioambientales de la empresa, es realizar los desplazamientos en bici y en coches eléctricos. Principalmente se desenvuelven en un entorno de proximidad, aunque no es raro que acaben en destinos alejados como Madre de Dios o cerca del campus. Al cabo del día suman bastantes kilómetros. Estela, de 27 años, se ha llegado a comprar un 'cuentapasos' para contabilizar los que hace al día. «He llegado a andar 15 kilómetros en una jornada», señala mientras hace la ruta por el centro con Laura. Van siempre juntas, pero durante el camino no hablan mucho para no despistarse.

LAS FRASES Sergio Morales Mensajero «Antes trabajé en un supermercado, pero era estresante. Me gusta salir a la calle» Estela Ochoa Mensajera

Son muy concienzudas y su objetivo es que los paquetes lleguen a su destino a tiempo, aunque a veces la entrega no es posible porque no ha llegado el cliente. Esto es lo que pasa cuando, en el momento del reportaje, llegan al estanco de Vara de Rey. La destinataria está ausente, pero Estela no ceja hasta que consigue hablar con ella por teléfono. Finalmente acuerdan volver por la tarde. Una de las características de Koiki, que no se reconoce como ONG, sino como una empresa de inversión social, es que ajusta los horarios de entrega de la mercancía a la conveniencia del destinatario.

Por fin se queda tranquila y ambas se dirigen al siguiente destino: óptica Caro Cánovas de Vara de Rey, donde no se pueden ver más contentos cuando reconocen a Estela. «Viene desde pequeñita a comprar las gafas, la entrega ha sido perfecta y encantados de que vuelva...». La mayoría es de Logroño, pero también hay de Calahorra, Navarrete y Viana.

Jicabai es de origen colombiano y, como todos, hace sus repartos a golpe de sonrisa. «También trabajo de auxiliar de vendedor en Decathlon, me encargo de que la ropa quede bonita. De repartidor, lo que me gusta es salir a la calle...», dice de su nueva ocupación, que le está reportando más de una amistad. «Me suelen dar conversación, sobre todo las mujeres, muchas me cuentan su vida...».

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