El mal olor vuelve a Logroño

Imagen de Logroño, con el Hospital San Pedro en primer término, tomada desde Villamediana de Iregua. :: sonia tercero/
Imagen de Logroño, con el Hospital San Pedro en primer término, tomada desde Villamediana de Iregua. :: sonia tercero

El pestilente hedor penetró en el interior del Hospital San Pedro, situado en un entorno de cultivos y granjas El uso de estiércol en la zona sureste causa de las emisiones, según el Ayuntamiento

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

El mal olor volvió ayer a inundar amplias zonas de Logroño a primera hora de la mañana. En un principio la fuerte pestilencia puso en guardia a los vecinos que pensaron irremediablemente en las emisiones del secadero de orujo situado entre Viana y Mendavia, pero pronto esta posibilidad quedó descartada tras las explicaciones ofrecidas desde el Ayuntamiento. La Concejalía de Medio Ambiente atribuyó el origen de las emisiones, «con una garantía del cien por cien» y tras las comprobaciones realizadas por los técnicos municipales, al uso de los fertilizantes orgánicos que se están aportando estos días a los cultivos en zonas hortícolas del cinturón de Logroño, especialmente en la zona sur, en el entorno de Maristas.

Los padres que llevaron a primera hora de la mañana a sus hijos al colegio fueron los primeros en sentir el fuerte hedor, aunque pronto se extendió por efecto del viento a otras zonas de la ciudad. Testimonios, por ejemplo, de vecinos del entorno de la plaza de Toros corroboraban que se había dejado sentir de punta a punta.

Pero fue en los barrios de Cascajos y La Estrella donde se sintió especialmente esta contaminación ambiental que, según tranquilizados los expertos a este periódico, no llega a ser tóxica. Una enfermera del hospital San Pedro, donde el pestilente olor impregnó el interior del edificio desde muy de mañana hasta sentirse incluso en las habitaciones y consultas, afirmó sin rodeos que el olor era similar al de los excrementos.

«Siempre se ha abonado, ahora se nota el olor por las altas temperaturas», afirman en Asaja-Rioja

«En el vestuario, en el sótano, olía sencillamente a orina, pero también se ha metido en urgencias, y, bueno, en general se respiraba mal en casi todos los lados», se quejaba una enfermera del complejo preguntada por el desagradable episodio que, como indicó, no es algo nuevo. «Yo voy a trabajar al hospital andando desde La Estrella y desde allí es habitual que ya se empiece a sentir el olor...», explicó.

El centro hospitalario, ubicado en un entorno agrícola, con dos granjas vacunas muy próximas, y varios huertos urbanos, está especialmente expuesto a las emisiones de este tipo de explotaciones, hasta el punto de que ya lo ven como algo prácticamente normal. «Esto es de toda la vida...», comentaba sin darle mayor importancia una trabajadora del edificio de lavandería del complejo al ser preguntada por la pestilencia de ayer.

Igor Fonseca, coordinador técnico de ARAG-Asaja en La Rioja, reconocía ayer que en esta época del año es cuando los agricultores preparan la tierra para las siguientes cosechas, una tarea que, dijo, se ha hecho desde siempre para enriquecer el suelo, «lo que ocurre es que antes en septiembre las temperaturas eran mas bajas y el ciudadano no percibía los tratamientos y ahora, como los días son más calurosos, las molestias son mayores».

Según el técnico, la aplicación de fertilizantes orgánicos es una práctica necesaria y recomendable para mantener la fertilidad de los cultivos, lo que ocurre es que en la zona periurbana de Logroño todavía hay muchas zonas donde conviven el entorno urbano y el rural. «La población no debe percibir los olores como un peligro para su salud, de hecho la aplicación de abonos orgánicos, procedentes de los residuos orgánicos de origen animal, es la agricultura más ecológica que existe, porque sustituye a los abonos químicos».

«Es una forma natural de aprovechar un recurso que, aplicado al cultivo, mejora el suelo y da lugar a cultivos más productivos», resume el portavoz de Asaja, que recuerda la legislación regional que obliga a cubrir el abono, de forma que «los olores no tienen por qué continuar», resumió.

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