#MEJORCINE

MARTÍN TORRES GAVIRIA

Escribo este artículo como simple aficionado al cine que todas las semanas compra religiosamente una entrada para la pantalla grande. Por tanto, como espectador y amante del séptimo arte, creo que tengo derecho a dar mi libre y humilde opinión sobre la industria. Digo esto para vacunarme de las posibles críticas que me puedan caer. Uno conoce el percal y los lobbies. Aunque parafraseando a Clark Gable en 'Lo que el viento se llevó': «Francamente querida. Me importa un bledo».

Cuando un sector productivo quiere exponer sus artículos monta una gran feria con lo mejorcito de la casa. Podemos hablar de Fitur (Feria Internacional de Turismo), de Fima (Feria Internacional de Maquinaria Agrícola), del Frankfurt Book Fair (Feria del libro de Frankfurt), etc. Y en ellas, en las ferias, se muestran las bondades y virtudes de lo que se pretende vender: lugares paradisiacos dignos de ensueño, tractores automáticos con aire acondicionado y asientos anatómicos y las novelas más románticas posibles. Se hace todo lo necesario para que el visitante, se sienta a gusto, considere nuestro producto como el mejor y termine comprando. Los productores lo tienen claro, la feria es el momento que hay que aprovechar para vender, sí, para vender, que no es malo; es incluso necesario. Pues mira por dónde la Gala de los Goya, que no deja de ser más que la Feria del Cine Español, es la antítesis de lo racional.

Me explico, todos los años se inventan una reivindicación, siempre de la misma tendencia por supuesto, y se olvidan de vender cine. Este año era #MásMujeres aludiendo a que en el negocio debían de participar más personas del género femenino. Ello me recordó a Will Smith reclamando más negros en los Oscar y en realidad lo que le dolía es que él no había sido nominado. Una persona es buena porque sí, no porque sea blanca, negra, hombre o mujer. Las cuotas son para los mediocres. Quiero confesar que me gustaría ser actor, pero no declamo como Paco Valladares (Laurence Oliver), no muevo las manos como Alfredo Landa (Burt Lancaster), no lleno la pantalla como Paco Martínez Soria (John Wayne) y no transmito respeto como Luis Tosar (Clint Eastwood) y por ello no me siento discriminado; a pesar de que a muchos actores les pasa lo mismo y sin embargo trabajan. Siguiendo con los Goya, al actor Arturo Valls se le ocurrió decir que le gustaría que se hablase más de cine y no marear con otros temas y le ha caído la del pulpo. Solo por pensar y decir la cosa más racional del mundo. Pero estos lobbies son así. Para el próximo año les voy a proponer una idea (gratis) de reivindicación: #NoalTerrorismoIslámico, ya que en su día no se decantaron en contra de ETA que hagan algo valiente. ¡A que no!

En realidad yo solo quería hablar de cine y del divorcio que hay entre los que pagamos la entrada y ellos, los de la Academia. Las nominadas a la mejor película han sido: La Librería, Verónica, Handía, Verano 1993 y El Autor. Según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de recaudación y espectadores de 2017/2018, el ranking de éstas películas es: Verónica (9ª), La Librería (13ª), Verano 1993 (21ª), El Autor (24ª) y Handía (29ª).

Ninguna de las seis primeras películas en recaudación y espectadores, exceptuando Tadeo Jones 2 (mejor película de animación), ha conseguido ningún premio en los Goya. Y cualquiera de ellas sola ha tenido más espectadores que las cinco nominadas juntas. Mi conclusión: los espectadores no tenemos ni idea de cine, pero sabemos lo que queremos. El divorcio es evidente. Ya lo hubo cuando se empeñaban en hacer un tipo de cine partidista y nadie quería ver cine español. A excepción de maestros como Berlanga que sí sabía mostrar las dos caras de la realidad. Si nos damos de garrotazos como en el cuadro de Goya, la vaquilla no será ni para unos ni para otros. Al final se la comerán los buitres.

Martín Torres Gavíria

Twitter @MTorresGaviria

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