MAL Y MAL MAYOR

CAUTIVO Y DESARMADO PABLO ÁLVAREZ

Hay en el periodismo una maldición nunca estudiada, pero bien conocida. Lo podríamos llamar «el mal del narrador de fútbol»: si a un compañero que está contando un partido se le ocurre decir que Benzema no le mete un gol ni al arcoiris, el francés colará una por la escuadra en los siguientes cinco minutos. Si a otro le apetece recordar que Gasol lleva todo el encuentro sin fallar un tiro libre, el siguiente no tocará el aro. Lo cual también se aplica a otros campos: si este periódico, digamos, publica una información sobre el calor, al día siguiente llueve. Y así.

Así que toco madera cinco veces antes de decir lo que voy a decir, y quiera Dios librarme de la maldición. Pero las cosas son como son: llevamos meses sin que nadie muera en las carreteras riojanas. Y eso después de un año particularmente horroroso, con una tragedia tras otra, especialmente en la N-232.

No digo yo que eso sea exclusivamente por la medida que tomó el Gobierno de La Rioja de desviar los camiones por la autopista. Pero sin duda, ha ayudado. Hay pues que saludar por ahora, con el ventajismo del corto plazo, una idea que ha funcionado.

Ése es el bien mayor de esa historia. Pero como todas, tiene un mal. Para los camioneros, más gasto. Para los negocios de la N-232, la ruina.

No sé si ninguna de las dos cosas tiene solución, y de verdad que lamento lo que de duro tiene para unos y para otros. Pero si gobernar es elegir entre un mal y un mal mayor, creo que en este caso la razón asiste al ejecutivo. Se podrá modular lo modulable, pero los camiones debían salir de la 232. Y nunca deben volver. Ni para repostar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos