LUGARES COMUNES

Dicen los que más saben que son lugares a evitar; palabras, frases o ideas consideradas como un vicio del lenguaje por ser demasiado sabidas o por su uso excesivo o gastado. Dicen los que más dicen saber que no sólo denotan pereza de pensamiento sino pobreza de discurso. Tópicos que se imponen y a los que se echa mano una y otra vez entre quienes declaran y entre quienes toman declaración. Ya saben aquello de lleno de orgullo y satisfacción llego a buen puerto tras un esfuerzo titánico y obteniendo una merecida recompensa. Obvio. Manoseado. Los lugares comunes resultan cómodos. A los que escribimos y a los que nos hablan. Sean o no noticias de rabiosa actualidad. Baños de multitudes, espirales de violencia, marcos incomparables. Bajo un sol (o no) de justicia. Dudas que asaltan, recuerdos que fluyen. Vamos, todo un abanico de posibilidades. Chocar aparatosamente, cojear visiblemente; peligros potenciales, fieles reflejos. Y desde que PP y Cs firmaron un acuerdo de investidura en Logroño, pactos que gozan de buena salud. Avance satisfactorio, sí, pero con cosas por hacer. Algo que se repite cada cierto tiempo, cuando comparecen unos y otros, a veces juntos, a veces por separado, para hablar de su 'matrimonio'. Miradas cómplices. Fundidos en un abrazo. Un balance que, ya de por sí, vuelve machaconamente a otros lugares comunes: lugares tan frecuentes como el CCR, el mercado de San Blas, el solar de los antiguos Maristas o la Casa del Cuento. Aspiren profundamente. Tensa calma. Testigo mudo. Lugares comunes de común futuro: Futuro incierto, que diríamos. Y siempre, para más inri, nos quedará la avenida de la Sierra. Ir por ir. Hondo pesar.

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