Los kebabs, la UE y los fosfatos

Kebab humeante en un restaurante de comida turca . :: EFE/
Kebab humeante en un restaurante de comida turca . :: EFE

Tras mucho lío (y alguna mentira) Europa da luz verde a ciertos aditivos en la carne turca | Falsas noticias generaron el bulo de que la Comisión Europea se estaba planteando prohibir los kebabs

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Todo empezó (o al menos para el gran público) con una noticia falsa. Una 'fake new', de ésas tan de moda, que corrió como la pólvora la semana pasada por las redes sociales. «Europa se plantea prohibir los kebab», decía. Lo malo del asunto fue que varios medios serios picaron en el asunto, haciendo correr la bola.

Como suele pasar en estos casos, en el bulo había un sustrato cierto, pero un montón de equivocaciones por encima. Y es que, sí, la carne de kebab ha estado en la agenda de la Comisión y del Parlamento Europeo esta semana, con cierta polémica y una de las votaciones más ajustadas de los últimos tiempos en la cámara de Estrasburgo. Pero no, en ningún caso se ha planteado la prohibición de los kebabs.

En realidad, lo que estaba sobre la mesa era permitir que esos preparados cárnicos que cuelgan en los restaurantes de comida rápida turca pudieran incluir en su composición unos aditivos que hasta ahora les estaban prohibidos: el E338-452, o ácido fosfórico (también di-, tri- y polifosfatos, por ser exactos). Llamémosles, para abreviar, 'fosfatos'.

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Esos fosfatos están prohibidos en la mayoría de los alimentos cárnicos que se venden en Europa, aunque no se les pueda definir exactamente como «tóxicos». Se ha relacionado el consumo alto de estos fosfatos con problemas de falta de calcio y cardiovasculares, aunque en el seno de los organismos científicos de la propia UE hay cierta controversia sobre el particular: la EFSA (la agencia de seguridad alimentaria europea), por ejemplo, no pone objeciones a los fosfatos.

De hecho, los fosfatos tienen muchas excepciones a su prohibición. Por ejemplo está aceptados en muchas salchichas tradicionales alemanas. ¿El motivo? Que son muy útiles para que las carnes se mantengan sin perder humedad, y aparezcan así más frescas al consumidor final. Pues bien, lo que quería la Comisión Europea era extender esa excepción también a los kebabs, para que pudieran usar fosfatos. El tema llegó al Parlamento: primero pasó por la Comisión de Seguridad Alimentaria, que recomendó vetar el asunto. Pero el Pleno debía aprobar ese veto por mayoría absoluta, y no lo logró... por los pelos. Se necesitaban 376 votos, y sólo se lograron 373.

Nueva legislación

Así las cosas, ahora la Comisión (el Ejecutivo comunitario) podrá legislar para permitir formalmente el uso de los fosfatos en los kebabs, algo que ha motivado la queja de las asociaciones de consumidores. ¿Significa eso que los kebabs van a ser ahora un producto tóxico? Evidentemente, no. La normativa europea sigue siendo una de las más garantistas (si no la que más) del mundo, y las concentraciones en las que se admiten esos aditivos no son en absoluto peligrosas con un consumo normal. Lo de «normal» es importante, claro, en este tema como en todos. Es algo análogo a la alerta que se levantó cuando la OMS incluyó en su lista de productos cancerígenos la carne roja: no hay que confundir abuso con consumo.

Es decir: si uno basa su dieta en los kebabs, evidentemente su salud se resentirá. Pero en ese caso probablemente los fosfatos fueran el último de sus problemas. Porque se trata de unos preparados cárnicos con muchísima grasa, mucha sal y una cantidad enorme de calorías, superior por ejemplo a las de las hamburguesas de las cadenas de comida rápida más conocidas, según un estudio de la OCU. Es decir; si consume kebabs de vez en cuando, los fosfatos no debería hacerle preocuparse de más. Pero si los come todos los días, son un argumento más para algo que ya debería saber: que tiene que mejorar su dieta.

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