IMAGÍNESE USTED

CAUTIVO Y DESARMADO PABLO ÁLVAREZ

El otro día un hermano que tengo (eso uno no lo elige, en fin) me propuso un ejercicio de imaginación que le traslado a usted. Como le supongo, amable lector, harto de Cataluña y de la nieve, igual le pillo con ganas de hacerse el siguiente esfuerzo imaginativo.

Figúrese, digo, que en su ciudad se quiere organizar un ciclo de música clásica. No es un ciclo: es EL ciclo. No es que vengan grupos de toda España, es que vienen hasta de Catalunya. Y de medio mundo además. Y con ellos, los fans. Miles de fans de ésos que gastan, un chollo para la ciudad.

Sólo hay una pega. Varios de los cuartetos (sobre todo uno de la bonita ciudad rusa de Bestiograd, en la Siberia) tienen unos fans absolutamente hooligans. Si les tocas el Mozart son capaz de matar. Y no es broma: ya han pasado por varias ciudades europeas en los últimos meses, dejando heridos graves, policías apaleados, destrozos en mobiliario urbano y en escaparates. En Marsella entraron a saco en un bar donde se juntaban pacíficos amantes de la Sinfónica de Boston y mandaron a siete al hospital, dejando a uno de ellos que ya no distingue un fagot de unos platillos.

Suponiendo que me ha seguido hasta aquí, yo le pregunto: ¿Cree usted que el alcalde de dicha ciudad se plantearía siquiera que dicho evento tuviera lugar? ¿Que convocaría a un ejército de antidisturbios, aún a riesgo de que uno palmara? ¿O que le diría a los organizadores: oigan ustedes, de verdad, muchas gracias pero váyanse a tocar el violín, a otro sitio?

Es lo lógico. Pasaría con cualquier actividad. O casi: con el fútbol, no. ¿Verdad?

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