GUAPO NO, GUAPÍSIMO

PABLO GARCÍA-MANCHA LOGROÑO

Ha tenido que ser Richard Gere. Después de toda una vida al servicio de los riojanos de ambos hemisferios y de culminar (de momento) su carrera en la vicepresidencia del Senado de España, se ha plantado el famosísimo actor en la Cámara Alta y le ha reconocido a Pedro Sanz lo guapísimo que es. Guapo no, guapísimo, y si lo dice un 'pluriguapo' como Richard Gere es que es no hay discusión posible. Pero no se quedó ahí el actor de Pretty Woman, fue más allá y le regaló los oídos destacando lo «inteligente» y «extraordinario» que es. Sanz, obviamente, se ruborizó sonriendo en su palco presidencial achinando los ojillos como hace Aznar, un curioso tic en el que ha ido profundizando el expresidente de La Rioja desde que se fue a la Plaza de la Marina española. Y es perfectamente comprensible, puesto que si a usted o a mí nos dice guapo y listo Richard Gere no habría hemiciclo alguno capaz de albergar nuestro ego henchido, estaríamos flotando en el multiverso como anémonas de Rubén Darío. Pero los políticos no, los políticos están acostumbrados a que les llamen de todo, incluso guapos; cosa que les sucede con frecuencia a Rajoy y a Tardá. Recuerdo un grupo de señoras en el Adarraga lanzándole a Mariano piropos de incontenida efervescencia como si fueran 'grupies' de Justin Bieber. Sin embargo, qué hubiera pasado si el zalamero de Gere en vez de decirle guapo a un hombre como Sanz se lo hubiera dicho a una mujer. ¿Nos hubiéramos reído? Las chanzas probablemente se hubieran convertido en lanzas, porque somos así en España, un curioso país al que tiene que venir nada más y nada menos que Richard Gere a reconocer lo «guapísimo» que es Pedro Sanz, para que le vengan ahora con primarias.

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