Gangas a cielo abierto

Desde lencería hasta alimentación, todo está en el mercadillo de Las Norias./Miguel Herreros
Desde lencería hasta alimentación, todo está en el mercadillo de Las Norias. / Miguel Herreros

El mercadillo de Logroño atrae a personas que buscan chollos y a muchos paseantes

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

No es tiempo de piscina, pese a que el sol brillaba el pasado domingo en la capital riojana y hasta calentaba por momentos. Y, sin embargo, el entorno del complejo deportivo Las Norias era un hervidero de gente, puestos y mercancías de lo más variados (ropa, calzado, frutas y verduras, libros, alfombras, útiles para el hogar, pan y repostería, sábanas y edredones...). Los alrededores de Las Norias parecían así un auténtico centro comercial abierto de las gangas y las oportunidades por efecto del mercadillo que se instala cada domingo.

«Como ha salido buena mañana nos hemos animado a venir en bici por hacer deporte, pasar un rato juntas y echar un ojo a los trapos», afirmaban las amigas Beatriz Blanco y Mónica Jiménez. Señalaban que se pasan de vez en cuando y que normalmente «suele caer algo». «Aquí encuentro los mejores ajos y buenas lechugas a precios muy baratos», recomendaba Mónica, para quien, en cambio, la ropa cuesta «como en todos lados». No obstante, Beatriz reparó en que en el mercadillo pueden encontrarse prendas con «un diseño particular, diferente al que hallas en las tiendas» de la ciudad.

A por un abrigo se acercó María Jesús Tofé, que rebuscaba entre una montaña el que más se ajustaba a sus gustos. «Si hace buen día y no tengo ninguna labor, me vengo desde Navarrete para tomar el aire y despejar la mente», aseguraba. Además, «siempre cojo algo». También de paseo estaban Belén Lázaro y su madre, que ya llevaban dos bolsas en la mano. «Los precios están muy bien, pasas la mañana del domingo y te relajas», comentaba la hija.

Miguel Herreros

Pese a que por la acera en la que se instalan los puestos transitaban varias hileras llenas de gente, algunos comerciantes aseguraban que el negocio se resiente. «Los mercadillos han caído. La gente se acostumbra a los centros comerciales y cada año se vende menos», opinaba Fulgencio Torres tras varios montones de calcetines. «A mí no me compensa mucho venir desde Burgos para lo que vendo y los gastos que soporto. La cosa está flojita para lo que yo ofrezco, en cambio noto que la gente tira más hacia la ropa de segunda mano», indicaba un comerciante de calzado.

Miguel Herreros

Como en todo, la suerte va por barrios. La calagurritana María Dolores Alcalde, al frente de un puesto de frutas y verduras, sostuvo que la plaza de Logroño es una de las mejores que recorre en su ruta por los mercadillos de Rioja Alta y Navarra. «El de Logroño me resulta muy bien porque acuden muchas personas, bastantes de ellas de las localidades de alrededor», cerraba.

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