El fuego que no cesa

José Antonio, en su puesto de trabajo a 60 kilómetros del incendio. / L.R.
José Antonio, en su puesto de trabajo a 60 kilómetros del incendio. / L.R.

José Antonio Gómez | Logroñés en Ventura (California)

MARÍA FÉLEZ

Cuatro incendios asolan desde hace días el norte de Los Ángeles (California). Cientos de edificios calcinados, rachas de viento de más de 128 kilómetros por hora, cinco mil bomberos luchando sin descanso por sofocar unas llamas que han provocado la evacuación de más de 230.000 personas.

El logroñés José Antonio Gómez es uno de ellos. José Antonio llegó a California en el año 2010. Lo hizo con una empresa andaluza para trabajar de ingeniero agrónomo. Un tiempo después empezó a hacerlo con una americana. Se dedica a la producción de berrys (fresas, frambuesas y zarzamoras). El joven vive en Ventura, una ciudad que se encuentra más o menos a una hora al norte de Los Ángeles por la costa.

Es justamente allí donde está el incendio más devastador. Incluso le han puesto nombre: el 'Thomas Fire'. «Lleva arrasados 120.000 acres que son unas 50.000 hectáreas, el resto de los incendios están en la zona de los Ángeles e incluso en San Diego», nos cuenta José Antonio.

«Todo empezó en la noche del lunes y los vientos de Santa Ana, típicos de esta época del año, lo están complicado todo mucho más», comenta. Los vientos de Santa Ana llegan del interior y son extremadamente secos y con una fuerza que este año está rondando los 120 kilómetros por hora.

José Antonio llegaba de un viaje internacional ese mismo lunes; unas horas más tarde aporrearon su puerta para evacuarlo. «Vivo en un estudio y en la casa principal vive una familia. Evacuamos primero a la familia y el padre (que es ) y yo nos quedamos para evitar pillajes», recuerda. De hecho tuvieron que sacar de la zona a un pandillero que intentaba aprovecharse de la situación.

A eso de las cuatro de la mañana la cosa se complicó y tuvo que ser evacuado todo el vecindario. Desde ese momento, ningún vecino ha podido volver a su hogar. Además, en la zona hay toque de queda. «Sabemos que nuestra casa está bien pero el resto del vecindario está arrasado», describe. Muchos vecinos suyos están en centros de evacuación. Él se encuentra en casa de unos amigos en la ciudad de Camarillo hasta que todo pase.

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