Un estanque que aflora entre cañas

Un conjunto histórico en un enclave privilegiado. Si hasta ahora el guardaviñas era el elemento más destacado de la finca, el desbroce del cañaveral ha dejado al descubierto la bóveda -sobre la que se ubicaba una construcción- y un estanque -dos tramos- de sillería. /Antonio Díaz Uriel
Un conjunto histórico en un enclave privilegiado. Si hasta ahora el guardaviñas era el elemento más destacado de la finca, el desbroce del cañaveral ha dejado al descubierto la bóveda -sobre la que se ubicaba una construcción- y un estanque -dos tramos- de sillería. / Antonio Díaz Uriel

El desbroce de la huerta de las Bolas en Logroño destapa un depósito que data entre los siglos XVII y XVIII | De la finca agrícola de propiedad privada ya se trasladó la puerta a una isleta frente al parking de Las Norias al urbanizar elsector de El Campillo

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

Siempre ha estado ahí, pero oculto, prácticamente desconocido salvo para los paseantes que gustan de los senderos más apartados con la curiosidad de saber qué hay más allá de la maleza. No puede considerarse un hallazgo como tal, pues su existencia ha estado siempre documentada, pero es ahora, como por sorpresa, cuando ha salido a la luz. Y hay a quien le ha llamado la atención y ha preguntado qué tenía delante de sus ojos.

La limpieza de un cañaveral ha destapado el estanque, dividido en dos tramos de casi un centenar de metros de longitud, de la antigua huerta de las Bolas (también llamado huerto de los Bolos) por los esféricos adornos que jalonaban su puerta de entrada, rescatada por el Ayuntamiento de Logroño durante la urbanización del sector de El Campillo y recolocada en una isleta verde frente al aparcamiento de Las Norias, a una decena de metros de su ubicación original.

Los orígenes de la finca agrícola se remontan a entre los siglos XVI y XVII, siendo entonces sus dueños la familia de los Espinosa, cuyo escudo episcopal es el que puede verse en la mencionada puerta y en la capilla de Santa Elena de la iglesia de Santiago en memoria de los hasta dos obispos de la saga familiar.

Escalera de acceso al primer tramo de estanque. | Bóveda de cañón donde se ubica el manantial. | Puerta de la huerta de las Bolas recolocada entre la avenida de Sonsierra y la calle San Ignacio de Loyola. / Antonio Díaz Uriel

Hoy, la finca, de menores dimensiones que en su día a consecuencia de la sucesiva segregación de parcelas, sigue siendo de propiedad privada y, ubicada en el paseo de El Campillo -antigua carretera de Laguardia-, se presenta como un terreno ascendente, con distintos niveles en terrazas, coronados por el guardaviñas que hasta hace poco dominaba el conjunto... hasta que el desbroce y la limpieza de cañas dejó a la vista una bóveda de cañón y el estanque que se alimenta del agua del manantial que protege -que al quedar en distinto plano sólo se observa subiendo la colina-.

Segundo y último tramo del estanque.
Segundo y último tramo del estanque. / Antonio Díaz Uriel

Lo cierto es que, según informaba ayer a este periódico el Ayuntamiento de Logroño, la finca fue desbrozada el pasado diciembre por la propiedad tras los correspondientes requerimientos municipales, siendo el primero de ellos emitido en agosto y una vez finalizado el plazo para la limpieza de solares públicos y privados.

Desde entonces ya no estaba el cañaveral y el estanque quedó limpio y lleno de agua cristalina aunque ajeno a las miradas de la ciudad. Un vecino de Logroño colgaba estos días una fotografía en el grupo de Facebook 'Tú no eres de Logroño si...' acompañada del siguiente texto: «Por El Campillo han limpiado fincas junto al camino que lleva al Alcaste. Ha aparecido una estructura muy interesante de la que comparto foto. ¿Alguien sabe qué era?». Una publicación a la que posteriormente añadía: «Parecen unas piscinas o aljibes, con escaleras de acceso, sillares... Además, la pared tiene pilastras y en ese arco de medio punto que tiene unos cinco metros de profundidad, hay una mesa de piedra con una bancada alrededor muy deteriorada».

LOS MAPAS

La respuesta llegaba por parte de Federico Soldevilla, quien explicaba que era parte de las estructuras de la huerta de las Bolas o cerrado de los Espinosas. «En el interior de la bóveda hay una fuente. Sobre ella estaba una edificación con una pequeña capilla», añadía.

Amigos de La Rioja, asociacion que preside, aboga por la defensa y el conocimiento del conjunto. Diario LA RIOJA visitaba el lugar en la mañana del pasado martes junto al propio Soldevilla, un espacio en pendiente que se prolonga desde el actual paseo de El Campillo hasta los viñedos que se expanden ya en la cima, vecina al monte El Corvo. Un enclave privilegiado, salpicado de piedras talladas desperdigadas aquí y allá que dan fe de las antiguas construcciones. En el lugar puede verse suciedad y basura de alguna de las ocupaciones que ha sufrido el 'chozo', e incluso, en los niveles inferiores al estanque -de piedra de sillería y fondo enlosado-, suelo quemado de algún pasado conato de incendio.

Federico Soldevilla, quien ha investigado la finca, explica que también se llegó a conocer como 'huerta del Obispo', y data sus elementos entre los siglos XVII y XVIII -la puerta que cerraba la finca se acepta como del siglo XVIII-. Una finca de recreo o casa -casas- de campo con una 'piscina' de dimensiones casi olímpicas «para recoger y aprovechar las aguas tanto de las fincas de niveles superiores como del manantial». Una forma de mantener el agua estancada para distintos usos a lo largo del tiempo.

Eduardo Gómez, cronista oficioso de la ciudad, hablaba en su día «del vergel que era» la huerta en cuestión, citada por Jesús Vicente Aguirre en 'Aquí nunca pasó nada' como lugar donde fueron asesinadas hasta 22 personas por el franquismo del 6 al 9 de septiembre de 1936.

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